RetrocesoA&ONº 207/6-IV-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Sabiduría, enigma y destino de
la vida ascendente
La vejez es un enigma. Una fortuna. Un tiempo revelador. El colectivo de los envejecidos es un fondo de sabiduría para todos los que, bien o mal, transitan por la crisis de las edades. La vida no se escapa; se corona. Serenidad y arte de asumir. El designio se cierra para abrirse al otro. El valor de lo terminal es un valor. Cuentan los viejos, corrigen las mentiras de la Historia y de los medios. Ellos lo vieron, estaban en eso y leyeron. En el momento del encaje y plenitud, son solidarios —versión laica del buen samaritano—, ven la vida en su conjunto y conexiones… La cercanía del borde los hace veraces…, son o pueden ser útiles en la crisis de cada edad: son capaces, sobre todo, en los falsos envejecimientos, de envidias, tristeza, atuendos y juvenibilidades que no les van; con amarguras; cobardías, soledad…, y amores amarillos. Para su cura puede servir Vida ascendente: y la aceptación de sí mismos según Guardini. Pero antes hemos de recordar que los jóvenes no escuchan: La amistad, la espiritualidad y la difusión de la buena noticia, el Evangelio aplicado a cada caso, situación y día, son necesarios para recuperar la razón de ser.

La Iglesia, algunos prelados, han diagnosticado una apostasía tranquila en Europa y España. Una situación de coma…, reversible. Antes los jóvenes escuchaban, ahora apenas, y muchos, nada. ¿Cómo transmitir la noticia misteriosa de nuestra vida irrepetible? Hay que proyectar el Evangelio en la realidad diaria, sustituir las voces decaídas y obsoletas. Hay otras en su lenguaje ¡tan pobre!… Nada prevalecerá contra la Iglesia —lo aseguró Jesucristo—. Hemos padecido en el siglo XX persecuciones en varios países —entre ellos España— tal vez mayores que las de Nerón o Diocleciano. Las crisis obligan a una acción, un lenguaje, un testimonio que proyecte el Evangelio a la realidad fáctica. Es menester orar para el sufrimiento permitido por Dios, para que la vida tenga sentido, para recibir cristianamente sus altibajos.

El 80% de los jóvenes bautizados no van a la iglesia. El año 96 iban a misa sólo el 18%, en el 99-00 van el 12%. La familia, los medios no transmiten los valores antropológicamente correctos, y actúan con un lenguaje inadecuado. No importa el idioma: lo importante para ellos y para todos son tres palabras:

* La amistad, los amigos juveniles, adultos y postreros, ese milagro inesperado de amor sin eros. Nace del brillo de Dios en otros ojos… Disuelve la soledad; alivia en el extenuante camino hacia el descanso; nos convierte en punto de entrada del amor y la ternura en el mundo; en la espera, enciende la esperanza..., inspira la voluntad de dar a los demás el afecto, la admiración, el tiempo, la plenitud…, y los recursos posibles para sus carencias.

* Tu espiritualidad. Lo que mueve las acciones de los hombres son los intereses naturales y los del espíritu. Los ideales son las alas, dice Max Weber, que embellecen los intereses. Las más sublimes manifestaciones del amor —en el ágape esperado; la filia, el querer, la empatía, la introyección…. La Eucaristía como centro de la jornada; la experiencia de oración y el Señor dinamizan al cristiano. Orar en cualquier sitio en espíritu y verdad es la perspectiva que Jesús regaló a la samaritana con el agua viva que ¡apaga la sed de todo lo demás! En Vida ascendente yo interpreto la palabra apostolado que a muchos suena rancia y desmesurada… Piensan: ¿Yo, Pedro; yo, Juan; yo, Pablo; yo, Javier?… Eso valía, en nuestra entusiasmada juventud; la juventud actual es otro tema.

* Tu designio, tu misión de difundir el Evangelio con el ejemplo, y, con tus dotes, la buena noticia, el mensaje, solucionador, capaz de colmar tus aspiraciones. Los muchachos de Acción Católica de hace 50 ó 60 años queríamos llevar almas de joven a Cristo; hoy intentamos, con otro léxico, que todos se autorrealicen y lleguen a plenitud. Nuestro papel, como personas del pueblo de Dios, es teológicamente ser missi, enviados, con fe, con esperanza y testimonio; missi es la mitad de la palabra misionero. ¡Menos categoría e igual, o mayor, exigencia! Ante la sociedad de masas y la muchedumbre solitaria, de Riesan, apartada de la dicha posible y profunda, de hoy y del mañana, debemos dar a los otros próximos la importancia, el amor, el tiempo, los recursos que en verdad necesitan a todos los niveles. Repetir, con nuestro modelo, la Palabra que se hizo carne y habita en, o entre, nosotros. La felicidad es un producto derivado de la conducta; asume penas y gozos, ayudando a los demás. La dicha depende de cosas externas, pero no consiste en ellas.

Jesús creó nuestro espíritu para un designio que progresa lentamente, desvela, alienta. Ahí os van, lectores amigos, nuestros tres mensajes de Vida ascendente, movimiento apostólico que trabaja en los cinco continentes; nacido en Francia se extiende a unos 60 países. En España hay más de 1.000 grupos y sólo en Madrid hay 300 en otras tantas parroquias. El Papa lo apoya de tal manera, que sus intervenciones, apoyando a Vida Ascendente llenan un intenso libro.

Jesucristo colma nuestras aspiraciones, nuestros designios y nuestra pequeñez con lo mirífico, lo maravilloso, lo impensado, lo sobrecogedor e inescrutable.

José Manuel González Páramo