RetrocesoA&ONº 207/6-IV-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
¡Qué cierto es el viejo refrán castellano de que no hay peor sordo que el que no quiere oír! A la vista de lo que uno lee en los periódicos, probablemente sería justo completarlo hoy con otro que dijera más o menos: No hay peor miope que el que no quiere ver. Porque, una de dos: o quienes reseñan, en la mayoría de los periódicos de tirada nacional, las palabras pronunciadas por el cardenal Rouco Varela en la apertura de la Asamblea Plenaria del episcopado no estuvieron en el mismo acto, o de lo que se trata es de deformar la realidad y de manipular al propio antojo las cosas que uno oye y a las que debería prestar atención. Más aún en el caso de que, eventualmente, estuvieran distraídos mientras el cardenal hablaba —y la verdad es que resulta un tanto raro que estuvieran distraídos todos o casi todos a la vez—, cuesta bien poco leer su discurso, que fue distribuido a los medios de comunicación, para reflejar luego con objetividad lo que el cardenal dijo:

Así lee uno, sorprendido, en El Mundo: Título: La Iglesia no pedirá perdón por su actitud en la guerra civil. Texto: … el Papa ha pillado a la Iglesia española con el paso cambiado. Karol Wojtyla ha pedido recientemente perdón por los pecados de la Iglesia. Los prelados españoles, solo por algunos. O, dicho de otra forma, por todos menos por la guerra civil.

Y, por favor, presten ahora atención, porque a renglón seguido el informador cita estas palabras textuales del cardenal Rouco Varela: Nos unimos de corazón a la iniciativa del Santo Padre, y pedimos perdón con él en todos los capítulos de fallos y pecados que se desgranaron por lo que atañe a la Iglesia en España y a sus hijos en el último milenio. Pero, vamos a ver: ¿es que no se entiende, o no se quiere entender?, porque más claro no puede estar. ¿O es que en todos los capítulos de fallos y pecados no entra el de la guerra civil? ¿O es que la guerra civil no fue de este milenio? ¿O es que lo que querían oír, determinados oyentes —que no informadores— de lo que sólo les interesa, era que la guerra civil española fue sólo culpa de quienes en uno y otro bando formaban parte de la Iglesia católica? Porque si lo que quieren oír es eso, se van a quedar con las ganas, porque no es verdad que fuera así. Y eso sí lo ha dejado gracias a Dios bien claro el cardenal Rouco Varela: Algunos hubieran querido escuchar de nosotros una justificación. Otros han echado en falta una autoinculpación. No hemos querido hacer ni lo uno ni lo otro… Hemos pedido y pedimos perdón a Dios —¿está claro una vez más?— por todas las acciones contrarias al Evangelio, cometidas por los españoles de un lado y otro de los frentes bélicos. Esta nítida petición de perdón ¿por qué se quiere esconder? ¿Qué interés hay en no llevarla a los títulos de las llamadas informaciones, cuando profesionalmente hablando debería ser lo lógico porque es lo esencial? ¡Ah!, misterios de la subjetividad y del modo de entender la libertad de expresión de algunos.

Aunque, en tono menor, un poco más de lo mismo: cuando quienes utilizan los medios de comunicación se olvidan de que son medios y quieren convertirlos en fines, se dicen cosas tan peregrinas como la que acaba de decir don Ignacio Salas, recién elegido presidente de la Academia de Televisión: En este país sólo existe lo que sale por la tele. Claro que qué va a decir este señor; pero ¡no hombre, no!, don Ignacio: en este país, lo que ocurre es que hay unos cuantos que sólo quieren que exista lo que aparece en la tele, pero gracias a Dios todavía existen muchísimas otras cosas, justamente las que más valen la pena en la vida —¿por eso no salen en la tele?—. Si la tele fuera como debiera ser, deberían salir en ella más de lo que salen; no sé si me explico, pero seguro que usted me entiende. No se equivoque usted: aunque a veces lo parezca, la gente ni es tonta, ni se chupa el dedo...

Gonzalo de Berceo