|
|
Hay un no que marca las diferencia entre unos y otros, y que la Campaña diocesana, promovida por Hermandades del Trabajo, Justicia y Paz y Cáritas Madrid pretende borrar: una sola palabra que se interpone entre la exclusión social y la integración. De nuevo, la Campaña se pregunta y quiere hacer que todos nos preguntemos por qué. Dice el delegado episcopal para Cáritas Madrid, Pablo González: Estamos tranquilamente en la injusticia, y, mientras una parte de la población vive en la mayor abundancia y despilfarro, los sectores más desfavorecidos quedan sumergidos en la pobreza y la marginación. La raíz se encuentra en la entraña misma de un sistema basado en la concepción utilitarista del ser humano, en los mecanismos perversos de la ambición y del lucro desmesurado. Pero recuerda, tampoco podemos engañarnos culpabilizando solamente a las estructuras económicas y políticas, tranquilizando así nuestras conciencias. Cada uno tiene aquí su parte de responsabilidad. |
|
La existencia de pobres, marginados, parados añade Pablo González, en un mundo con capacidad técnica para sustentar a todos, es el síntoma de nuestro empobrecimiento como humanidad, en el que todos estamos implicados. Por eso, pongámonos en camino para hacer, con generosidad, lo que está al alcance de cada uno. Se trata, en el fondo, de acabar con la idolatría a las riquezas, la codicia, la avaricia, la ambición. Una actitud que convierte el dinero en un ídolo, en objeto de devoción que hechiza y encanta. El dinero llega a ser la medida de todo valor, el dictador de la vida y de las relaciones humanas que impone el trabajo insolidario y agotador del pluriempleo, crea falsas necesidades y fortalece ese estilo de vida en el que ya no cuenta lo que uno es, sino lo que uno tiene.
La cuestión del paro es especialmente delicada, ya que no hablamos sólo de un problema económico, sino de un riesgo real y muy grave de exclusión social. Es preciso tener en cuenta, dice González, que, además de ser la causa más importante y decisiva en la génesis de la pobreza, el paro empuja a la gente en la pendiente resbaladiza de la angustia, la depresión, el alcoholismo, el juego, la droga, la prostitución, la delincuencia, la marginación... Son precisamente estos excluidos entre los excluidos donde quiere incidir la Campaña. Por eso, como explica Rosalía Portela, secretaria técnica del Programa de Paro y Conciencia Social, se pone el objetivo más allá del mero concepto de colocación. Lo fundamental es la persona, lograr que, con nuestro apoyo, deje de ser un sujeto pasivo para convertirse en un sujeto activo, plenamente integrado En otras palabras: salir del paro es necesario para salir de la exclusión, pero hace falta más que eso para recuperar la confianza, la autoestima... En esta convicción se funda el Servicio de Orientación para el Empleo, puesto en marcha por el Programa de Paro de 1994 y que, en la actualidad, cuenta con treinta equipos de voluntarios en la archidiócesis de Madrid. Durante el pasado año, acudieron a estas oficinas casi 8.000 personas, de las que un 74% encontraron empleo. Lo que en cambio no se puede cuantificar es cuántas personas recuperaron su autoestima. Ricardo Benjumea |