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Entre los propósitos de la exposición El modernismo catalán, un entusiasmo, está el remitirnos a un período de la Historia del Arte español que posee, sin duda alguna, un paralelismo con el actual: el fin de un mundo estético y artístico y el comienzo de uno nuevo. Gracias a esta exposición organizada por la Fundación Santander Central Hispano, en su Sala de Exposiciones de Madrid (calle Marqués de Villamagna, 3), podemos conocer más de cerca, hasta el próximo día 23 de abril, aquellos movimientos modernistas de la vanguardia en la Cataluña de entre siglos, donde se mostró de una forma más clara ese deseo de novedad estética, de romper con lo anterior, ya caduco, y empezar con entusiasmo e ilusión otro siglo nuevoAlrededor de cien obras de los principales museos catalanes y de colecciones públicas y privadas de otras procedencias se recogen en esta exposición singular. A través de estas obras, la mayoría pictóricas, pero también de escultura, mobiliario, dibujo, joyería o artes gráficas, se quiere acercar al público una imagen comprensiva de lo que fue el modernismo: aquel movimiento artístico y cultural que se desarrolló en Cataluña desde 1890 hasta 1910. |
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Si no tenemos en cuenta las diferentes exposiciones que de una forma monográfica sólo presentaban algunos aspectos del modernismo, El modernismo catalán, un entusiasmo es la primera exposición de conjunto en Madrid en los últimos treinta años que aprovechando esta ocasión conmemorativa de un nuevo cambio de siglo nos vuelve a mostrar lo que esta corriente artística significó y sirvió para favorecer el contacto cultural entre Barcelona y Madrid.
Teniendo en cuenta que en aquella época, finales del siglo XIX, la pintura que dominaba en el panorama oficial era la de asunto de factura, pero nada innovadora, resulto ser toda una novedad la exposición, en octubre de 1890, de Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Clarasó en Barcelona, en la que se mostraron obras renovadoras de estos artistas, realizadas en París. Dentro de esta primera generación, estarían también nombres como Llimona o Miguel Blay. Con el cambio de siglo vino el relevo generacional con sus diferencias personales. Esta segunda generación reacciona frente al esteticismo de los primeros. Joaquim Mir, Ricard Canals, Isidre Nonell o Anglada Camarasa son algunos de estos artistas conocidos como postmodernistas. Algunos piensan que con el modernismo desaparece la expresión del sentido religioso de la pintura española, pero esto no es cierto. En el fondo del ser humano permanece siempre este sentido religioso, sean cuales sean las modas artísticas. Prueba de ello son las cinco obras que ofrecemos en estas páginas. De la primera generación reproducimos dos cuadros de Casas y Rusiñol. Cuando vuelven de París, será el paisaje de Sitges el que inspire a ambos artistas, como vemos en La cruz de término, del segundo (en el centro, foto inferior). Del primero, reproducimos Paisaje, otro óleo sobre lienzo (en el centro, foto superior). También de esta época es Eusebi Arnau, autor de Beso de madre (página izquierda, foto superior). De la segunda generación ofrecemos un lienzo de Joaquim Mir, Devoción, de 1898 (página izquierda, foto inferior). El arte, según la concepción del modernismo, estaba destinado a transformar la vida. De ahí que no sólo influyera en la pintura, sino que encontramos sus huellas en otras artes, como la joyería, el mobiliario o la escultura. La influencia del modernismo llegará a esta última en la primera década de este siglo. Un ejemplo lo tenemos en La primera comunión, pasta policromada, de Josep Llimona (sobre estas líneas). Algunos especialistas de arte han dudado de que esta exposición haya servido para revisar verdaderamente el modernismo en Cataluña. Argumentan que se debía haber profundizado más en su estudio y haber examinado más la selección de obras. En el catálogo aparecen algunos artículos que pretenden indagar más en la ardua tarea de definir qué fue verdaderamente el modernismo. Cabe decir que, en la bibliografía final, echamos de menos algunos de los libros fundamentales sobre esta corriente artística. Benjamín R. Manzanares |