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L'Osservatore Romano, el diario oficioso de la Santa Sede, ha publicado un conmovedor llamamiento dirigido a los narcotraficantes por un padre cuyo hijo ha perdido la vida a causa de la droga. En las palabras de este hombre no hay odio, ni si quiera resentimiento, sólo dolor, un dolor inmenso, acompañado por una profunda humanidad y un sentido de los valores que pertenecen a todo individuo, incluso a quien vende la muerte junto a la droga.
Escribo esta carta para invitaros a hacer un examen de conciencia comienza diciendo este hombre a los narcotraficantes. No quiero juzgaros ni condenaros: es algo que no me corresponde a mí, sino sólo a Dios. A los asesinos de su hijo (al menos así podrían ser considerados) les invita a pensar profundamente en las consecuencias negativas que su actividad está produciendo a la sociedad: Pensad sobre todo en esos muchachos, privados de su voluntad de ser personas, pues la droga quema el cerebro, les arranca de los afectos familiares y personales... Por eso les pide: Con el corazón en la mano: dejad de distribuir esa sustancia que destruye todo y no sirve de nada para nadie y mucho menos para vosotros. |
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¿Qué hará este hombre, herido íntimamente, aunque no desesperado?: Pediré al Señor para que os ayude a tomar esta decisión sabia. ¿Os gustaría que le sucediera algo así a vuestra familia o a vuestros seres queridos? Creo que no. Personalmente no os lo deseo. El único sentimiento que nos hace grandes en la vida es el amor; amarse para poder amar al prójimo.
La carta llega a su fin y el lector podría pensar que esgrimir argumentos como éstos no sólo es algo que está pasado de moda, sino que además es algo totalmente inútil. El padre, a quien la droga le ha quitado a su hijo, no es de esta opinión: Estoy convencido de que en vuestro corazón tenéis amor. Pienso en vosotros y os recordaré siempre en mis oraciones. |
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