RetrocesoA&ONº 208/13-IV-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
La pobreza, al descubierto
El Estado del bienestar no llega
a todos
Algo falla en el sistema de protección social español. Cáritas y la Fundación Foessa publicaron la
pasada semana dos informes que quieren ser instrumentos de denuncia de esta sociedad injusta
que fabrica pobres y excluidos,
y mostrar posibles vías para solucionar las lacras del Estado del
bienestar
Hace cuatro años, un estudio sociológico encargado por Cáritas y la Fundación Foessa a EDIS (Equipo de Investigación Sociológica) se propuso conocer la pobreza en España. Ahora, han hecho una relectura de ese estudio desde dos perspectivas: Las condiciones de vida de los hogares pobres encabezados por una mujer. Pobreza y género; y Las condiciones de vida de la población pobre desde la perspectiva territorial. Pobreza y territorio. Se trata, en ambos casos, de profundizar en estas realidades con las miras puestas en sugerir mejoras en el sistema de protección social y lograr una acción social más eficaz.

Los resultados que ofrece el estudio sobre mujer y pobreza resultan especialmente esclarecedores. De los casi 450.000 hogares en los que la mujer es la sustentadora principal, los autores estiman que un 20% vive en la pobreza, es decir, con una renta disponible neta igual o inferior a las 44.255 pesetas por mes y persona. De éstos, 56.961 hogares disponen de menos de 22.000 pesetas por miembro y mes, y viven por tanto en lo que se llama pobreza absoluta.

La media de edad de estas mujeres es alta, 59 años, y un buen porcentaje (43%) supera los 64 años. La principal fuente de ingresos, en muchos casos, es una pensión de viudedad. Se han dedicado casi en exclusividad al trabajo doméstico, por lo que no pueden acceder a pensiones de jubilación propias, mejor remuneradas. Pero su situación de vulnerabilidad —advierte el informe— no implica sólo carencias económicas. Viven en un entorno deteriorado y con viviendas mal equipadas. Si a esto le sumamos las limitaciones físicas y las dificultades de movilidad de una persona mayor, los riesgos de no integración social, de vivir aisladas y sin apenas relaciones, son evidentes, además de que quedan insatisfechas muchas de las necesidades de cuidado propias de su edad.

Dentro de lo malo, la situación de las mujeres cabezas de familia pobres de más edad es, sin embargo, mejor que en los otros tramos de edad. Especialmente complicada resulta la vida para las mujeres sin recursos divorciadas o separadas. Cuando, como es frecuente, tienen hijos pequeños a su cargo, deben buscar trabajos que les permitan a la vez atender a sus obligaciones en casa. Esto implica que van a tener dificultades de encontrar un trabajo con Seguridad Social, que van a cobrar menos y que van a tener menor posibilidad de cobertura social ante situaciones de desempleo. De hecho, según estima el Informe, el 70% de estas mujeres no puede acceder a ningún subsidio de desempleo cuando se queda en el paro. El paro y la precariedad laboral, que afecta a un 50% de estas mujeres, es por tanto el principal motivo de su pobreza.

En cuanto al segundo estudio, Las condiciones de vida de la población pobre desde la perspectiva territorial, que busca acercarse a la pobreza según el tamaño de los municipios, no se aprecia en los datos una relación-causa efecto clara entre estas dos variables. Sí se confirman, en cambio, las conclusiones de anteriores estudios que establecen una relación muy directa entre los niveles de paro y los índices de analfabetismo con las situaciones de pobreza, así como el creciente número de jóvenes sujetos a situaciones de exclusión. La utilidad de este estudio es, sin embargo, eminentemente práctica, ya que ofrece un buen número de estrategias para abordar la acción social teniendo en cuenta las características particulares de cada entorno.

Ricardo Benjumea