RetrocesoA&ONº 208/13-IV-2000SumarioDesde la feContinuar
Libros
Fantasía del caos

La editorial El acantilado acaba de publicar el libro de Stefan Zweig La lucha contra el demonio (Hölderlin. Kleist. Nietzsche). No se trata del demonio de la Sagrada Escritura, el de la existencia personalizada del mal que actúa en este mundo inmisericorde y en la influencia indeterminada de muchas de nuestras acciones. Se manifiesta entre líneas el demonio subjetivo de los hados creadores del espíritu de la fatalidad, de la interpretación errónea que de la capacidad de creación constructiva han tenido estos tres autores seleccionados por Zweig. Y, si bien es cierto que ninguna obra puede desligarse sustantivamente de su autor, en este libro de Zweig se reflejan, apasionadamente, su legión de demonios familiares. Hay libros que marcan, condicionan, indican, mueven a una generación. He aquí una muestra. Una muestra que sólo se entiende desde el principio que señala su vida.

Stefan Zweig, escritor austriaco, vivió desde 1934 fuera de su país, primero en Gran Bretaña y, posteriormente, desde 1940, en Brasil. Allí, junto a su segunda esposa, se suicidó. Su obra literaria está profundamente influída por el psiconálisis freudiano. En 1943 publicó su libro autobiográfico, El mundo del ayer. Son muy conocidas sus trilogías de maestros de la literatura, del pensamiento, del arte, de la estética. Así nos encontramos con los tres
poetas de su vida: Casanova, Stendhal, Tolstoi; tres maestros: Balzac, Dickens y Dostoievski; y, para concluir, su novela sobre Erasmo de Rotterdam, o su drama Jeremías. ¿No es todo lo anterior signo del corazón del hombre que busca las raíces de su propia naturaleza? ¿Y no es signo, que significa, de que la búsqueda puede perder su orientación sustantiva en una belleza, bondad y en un bien ajenos a sus fuentes, en otros remansos de paz que ofrece la conciencia de considerarse creatura?

El demonio, entendido como caos original del mundo, no ha sido capaz de ganar la última batalla. Combate desigual, que no de contrarios de idénticos pareceres. Porque —y en estas fechas bien lo reflejamos— la victoria final no la tiene ni la desesperación, ni el suicidio. La tiene la luz del hombre pleno, renacido en la gracia de la nueva creación. Se han acabado las tempestades, aunque nos guste el placer de la buena literatura.

La nueva lucha de clases

Después de treinta años de estudio y de magisterio en Ciencias Económicas, Manuel Funes Robert nos presenta en la colección de Libros para el Debate, de la Escuela Superior de Gestión Comercial y Marketing (ESIC), La lucha de clases en el siglo XXI. Visión política de las crisis económicas de nuestro tiempo. Tres hombres, tres pensamientos que han marcado la realidad de las prácticas económicas de nuestra época: Adam Smith, Marx y especialmente Keynes, cuyo mensaje es actualizado desde una visión política. Pero de la auténtica política que nace de la preocupación del bien común, de las relaciones entre individualidad frente a colectividad, o de un pensamiento más que políticamente correcto.

El autor pretende, más allá de una visión integradora, reformular, en un orden distinto, el principio de la lucha de clases. Las dos clases históricas, como señala en la introducción del texto, están fundidas hoy en una nueva, que enfrenta a los grupos financieros con los políticos. El salario se convierte, de esta forma, en una renta de subsistencia de millares de personas, en tanto que el alto interés y la elevada presión tributaria sustituyen con ventaja al salario como instrumento de control.

El análisis es correcto en muchos de sus procesos metodológicos. Ahora bien, las generalizaciones son injustas, incluso con los principios que se concluyen de una lógica bien desarrollada. Este interesante ensayo debe ser leído a la luz de la doctrina social de la Iglesia. Es preferible que, sustraído más que de la lucha de clases, por la lucha de frases, pensemos en un mundo sin lucha, gestionado por los principios subsidiarios del amor.

J. F. S.