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La Iglesia rechaza absolutamente la clonación humana, aun con fines
médicos
Inglaterra estudia aprobar la
clonación
No matamos a un embrión. El embrión tiene su propio estatuto jurídico especial en la ley inglesa,
pero no el de un ser humano. Sé que muchos no piensan igual. Pero ésta es una materia sobre
la que decide la ley, no los obispos o los científicos. Ésta ha sido la justificación aducida por el
" investigador Harry Griffin, que está esperando la aprobación de la ley sobre clonación humana en
Inglaterra para empezar a fabricar tejidos humanos a partir de células madre de embriones clonados,
a los que luego se suprime
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Según informaba recientemente el diario inglés Daily Telegraph, la comisión de expertos
creada por el Gobierno británico se ha declarado a favor de la clonación de embriones para crear tejidos y órganos para trasplantes, con lo cual, y según este mismo periódico, la aprobación de los ministros está prácticamente asegurada. Era de prever, ya que toda legislación sobre clonación, tanto la de la ONU como la europea, tremendamente ambiguas en cuanto al estatuto jurídico del embrión, han dejado desde siempre la puerta abierta a la clonación humana con fines terapéuticos.
El Centro de Bioética de la Universidad del Sagrado Corazón de Roma, dirigido por el arzobispo Elio Sgreccia, Vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida, ha reaccionado con un comunicado en el que afirma que la clonación hace del individuo un simple medio. Sin embargo, el individuo humano tiene que ser respetado como persona desde la fecundación. La clonación, propuesta con finalidades terapéuticas, con el objetivo de evitar la transmisión de enfermedades genéticas, representaría una generación asexual con objetivos eugenésicos. |
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Según la moral cristiana, la propuesta de la clonación humana es intrínsecamente ilícita, prescindiendo de sus finalidades. No se trata de un juicio global sobre la clonación, que en sí no es más que una técnica utilizada desde hace tiempo en la agricultura, y que no plantea problemas éticos. Tampoco los plantea en el caso de los animales, siempre que vaya dirigido a un bienestar para el hombre y que no se produzca a los animales sufrimientos injustificados o desproporcionados al bien que se pretende realizar; los procedimientos deben ser sometidos al juicio y eventual aprobación de los comités de ética específicos, para garantizar el respeto de las normas de seguridad sanitaria y de protección animal. Además, es necesario estar seguros de que no se creará un desequilibrio del ecosistema, anulando la biodiversidad o abatiendo las barreras entre las especies.
La Academia Pontificia para la Vida dejó clara la actitud de la Iglesia en un documento publicado a raíz del caso Dolly, en 1997: La clonación humana se incluye en el proyecto del eugenismo y, por tanto, está expuesta a todas las observaciones éticas y jurídicas que lo han condenado ampliamente. Es una manipulación radical de la relacionalidad y complementariedad constitutivas, que están en la base de la procreación humana, tanto en su aspecto biológico como en el propiamente personal. Se produce una instrumentalización radical de la mujer, reducida a algunas de sus funciones puramente biológicas (prestadora de óvulos y de útero). En el proceso de clonación se pervierten las relaciones fundamentales de la persona humana: la filiación, la consanguinidad, el parentesco y la paternidad o maternidad. Una mujer puede ser hermana gemela de su madre, carecer de padre biológico y ser hija de su abuelo. Si el proyecto de clonación humana pretende detenerse "antes" de la implantación en el útero, resulta también injusto desde un punto de vista moral. En efecto, limitar la prohibición de la clonación al hecho de impedir el nacimiento de un niño clonado permitiría de todos modos la clonación del embrión-feto, implicando así la experimentación sobre embriones y fetos, y exigiendo su supresión antes del nacimiento, lo cual manifiesta un proceso instrumental y cruel respecto al ser humano. Dicha experimentación es inmoral por la arbitraria concepción del cuerpo humano (considerado definitivamente como una máquina compuesta de piezas), reducido a simple instrumento de investigación. El cuerpo humano es elemento integrante de la dignidad y de la identidad personal de cada uno, y no es lícito usar a la mujer para que proporcione óvulos con los cuales realizar experimentos de clonación. Es inmoral porque también el ser clonado es un "hombre", aunque sea en estado embrional. En contra de la clonación humana se pueden aducir, además, todas las razones morales que han llevado a la condena de la fecundación "in vitro" en cuanto tal, o al rechazo radical de la fecundación "in vitro" sólo a la experimentación. Inma Álvarez/J.C. |