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En las últimas décadas, cuando el sentido de la humanidad del feto se vio minado o distorsionado por las ideas reductivas sobre la persona humana y por leyes que presentaban estados cualitativos científicamente infundados en el desarrollo de la vida concebida, la Iglesia ha afirmado y defendido repetidamente la dignidad humana del feto. Con esto queremos decir que el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el momento de su concepción; y por lo tanto desde el mismo momento hay que respetar sus derechos como persona. Las nuevas terapias emergentes ofrecen nuevas esperanzas para los afectados por patologías incurables o difíciles de tratar. Las diversas técnicas de reproducción artificial, aparentemente al servicio de la vida, por el contrario abren la puerta a nuevos ataques a la vida. Aparte el hecho de que son moralmente inaceptables, esas técnicas tienen un índice muy alto de fracasos. Un caso de especial gravedad moral, a menudo derivado de esos procedimientos ilícitos, es la llamada reducción de los embriones o eliminación de los fetos cuando ha tenido lugar una concepción múltiple. Este procedimiento es gravemente ilícito en el curso normal de las relaciones maritales, pero es doblemente reprobable cuando es el resultado de procreación artificial. Cualquiera que sea el modo de la concepción una vez que ésta ha tenido lugar el niño concebido debe ser respetado absolutamente. Las enseñanzas de la moral católica refuerzan y sostienen una ética natural basada en el respeto de la inviolabilidad de cada vida humana. (3-IV-2000) |