RetrocesoA&ONº 208/13-IV-2000SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS AL DIRECTOR
EL SILECIO DE PIO XII SALVOO A MUCHOS JUDIOS

No conocí en vida a Pío XII, pero mi padre vivió lo suficiente para hablarme de él. Recordemos que tanto el nazismo como el comunismo fueron condenados por su antecesor Pío XI con sendas encíclicas (Mit brennender sorge, 14 de marzo de 1937; y Divini redemptoris, 19 de marzo de 1937). En especial la Mit brennender sorge (Con ardiente preocupación) fue distribuida por todas las parroquias católicas alemanas en el año 1937. Recordemos también que el más estrecho colaborador del Papa Pío XI fue su Secretario de Estado: Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII. También es sabido que el Papa Pío XII vendió oro de los monumentos vaticanos para pagar a los nazis rescates por los judíos. Sin duda, Pío XII vivió un período triste para la Humanidad y uno de los más terribles, por no decir el que más. Pero durante la guerra sus discursos estaban marcados por la prudencia. Era consciente de que debía usar palabras más fogosas, lo confesaba en privado, pero temía con ello causar más daño que beneficio. Pero lo más significativo y lo que más poderosamente llamó mi atención fue el saber que al final de la guerra mundial el gran rabino de Roma se convirtió al catolicismo bautizándose con el nombre del Papa: Eugenio.

En 1944, en plena guerra mundial, el prestigioso New York Times declaraba en su editorial que la única voz que se alzaba claramente en favor de los derechos humanos del pueblo hebreo era la del Papa Pío XII. Hoy, el mismo medio, secundado por otros, afirma lo contrario. Éstos son sólo unos ejemplos de la tergiversación de que es objeto la historia de nuestros días. Pero ¿por qué razón los rabinos israelitas han arremetido contra Pío XII y la Iglesia, cuando en realidad deberían de estarle profundamente agradecidos?

Luis Castañón. Valladolid

MATRIMONIO NO ES LO MISMO QUE PAREJAS DE HECHO


Matrimonio y familia siempre será más fecundo que la pareja de hecho gay o lesbiana. Por mucho que se trate de imitar al matrimonio, como la vieja institución nada. Matrimonio y familia traen hijos al mundo, dan lugar a eso que llamamos familia compuesta por abuelos, hijos, hermanos, primos, primos segundos, cuñados, etc., que son los lazos de la sangre. Dudo que las parejas gays o lesbianas puedan generar tan poderosos y profundos vínculos. Es irracional equiparar la opción homosexual a nacer negro o nacer mujer, causas de discriminación a lo largo de la Historia. No es lo mismo nacer negro o mujer que practicar la homosexualidad o el lesbianismo. Me quedo alucinada viendo cómo unos señores quieren convertir unas prácticas sexuales en un instrumento para adquirir privilegios por encima de los demás ciudadanos. Quieren ser más que nadie ahora estos gays y lesbianas. La raza, el sexo han sido causas de discriminación y se nace con ello, pero no existe ninguna investigación seria que indique que exista el tercer sexo. ¿Que si ellos han sido maltratados por ciertos elementos de la sociedad? También son discrimimados otros por ser feos, bajos, gordos, calvos, pobres, torpes o narizones, o sordos, y no piden privilegios. Se conforman con exigir respeto a esos que tratan de humillarlos. Estos humilladores seguramente lo hacen para ocultar otros defectos más graves, si cabe, que los de sus víctimas. Deben entender que se pueden hacer impopulares con tanto pedir más derechos que otros solteros.

María José López. Granada

LA DESESPERACION DE INGMAR BERGMAN


Leo en el ABC del pasado 6 de abril unos comentarios del director de cine sueco Ingmar Bergman, de 81 años, diciendo que la muerte de su esposa Ingrid, en 1985, fue lo más triste de su vida. Que, desde entonces, vivir era una carga, que el pensar que nunca más la vería es un pensamiento horrible. Y que preferiría suicidarse a permitir que su alma quede atrapada dentro de un cuerpo en decadencia.

Seguramente, yo suscribiría todo lo anterior. También yo perdí a mi esposa Manena en noviembre pasado y sentí igual desesperación.

Sé que socialmente no soy nada al lado de Bergman. Pero a mí Dios, gratuitamente, me ha dado la fe. Y siento dolor por Bergman. Porque yo sí veo a Manena, la veo y con Dios. Y me reuniré con Él y con ella, porque Él lo quiere así, y le pido que también me reuna en Él con Ingrid y con él. Y entonces vivir no es una carga sino una espera, y morir no es una decadencia, sino una apertura a la Luz.

Manuel Molleda. Sevilla