RetrocesoA&ONº 202/2-III-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Conferencia del psiquiatra Enrique Rojas en Roma
"El amor necesita renuncias"
En la Embajada de España ante la Santa Sede, en el corazón de la Plaza de España, en un edificio emblemático que fue palacio de la familia Monaldeschi y que fue comprado por el Conde de Oñate, el doctor Rojas hizo una interesante disertación sobre uno de los libros que han tenido más impacto en España y en muchos otros países, titulado El amor inteligente, y que en menos de dos años ha alcanzado su 25 edición.

Hizo la presentación Joaquín Navarro Valls, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede y buen conocedor de la obra del orador. Empezó refiriéndose a la figura del padre del conferenciante, el doctor Luis Rojas Ballesteros, uno de los primeros psiquiatras españoles, formado en Alemania, junto al primer grupo de profesores universitarios de dicha disciplina, como fueron López Ibor, Vallejo Nájera, Sarró o Llavero. De su vocación a la psiquiatría, su padre es un responsable directo. Después se refirió al profesor Rojas y a su trayectoria universitaria. Sus libros han tenido dos vertientes distintas pero complementarias: los científicos, dedicados sobre todo a dos grandes líneas de investigación, las depresiones y la ansiedad; y otros, humanistas, que han abordado la felicidad, la vida sexual, la voluntad o el amor.

El doctor Rojas dividió su exposición en tres apartados. En el primero habló de Amor y enamoramiento, subrayando que la palabra amor está falsificada y que hay sobre ella un uso, un abuso y una manipulación. Veo la palabra amor desmoronada y hay que devolverle su fuerza, su contenido verdadero y también su exigencia. Enamorarse es decirle a alguien: no entiendo la vida sin ti, eres parte fundamental de mi proyecto. Eres mi vida. Citó algunos textos clásicos sobre esta materia, desde Stendhal a Max Scheler, pasando por Julián Marías, Ortega y Denis de Rougemont. Es fácil enamorarse, pero difícil mantenerse enamorado. Eso depende de un trabajo laborioso, delicado, un estar pendiente de que los sentimientos no se apaguen. El amor conyugal tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica. La policromía sentimental tiene un subsuelo en el que se esconde la enorme importancia de los detalles pequeños. El descuido de las cosas pequeñas es la ruina del amor, se lo lleva por delante. Lo diario nunca es insignificante, antes al contrario, mantiene el amor joven y nuevo, lozano y frondoso, sin fecha de caducidad. Los sentimientos hacen de intermediarios entre los instintos y la razón.

En la segunda parte explicó los principales errores de la vida conyugal: Son las falsas expectativas, una cierta incapacidad para tener una mirada lejana, una visión de futuro que hace levantar la cabeza y descubrir la aventura en la que uno se embarca. Esos errores son: divinizar el amor; pensar que, con estar enamorado, es suficiente para que el amor funcione; desconocer que la vida conyugal necesita de aprendizajes graduales, que es necesaria la integración de los diversos planos: físico, psicológico y cultural; y, finalmente, otro fallo frecuente es pensar que a lo largo de cualquier relación conyugal han de darse algunas crisis, ya que lo más difícil que existe es la convivencia diaria... El amor es un licor engañoso, que calienta la boca y hace perder la visión de la realidad, ya que el amor eterno no existe, hay que trabajarlo día a día. El mejor amor se desmorona si no se le cuida...; cuando el amor llega puede y suele ser ciego, pero cuando se va es muy lúcido.

La última parte estuvo dedicada a cómo mantenerse enamorado: Es la alquimia del amor, en donde hay que poner sobre el tapete sus diferentes ingredientes; es necesario mantener la admiración sobre la otra persona, la cual se alimenta de la admiración positiva de la conducta del otro; también es esencial el crecimiento equilibrado de la pareja, de tal manera que hay que tener cuidado con el viejo y clásico sistema del hombre que asciende en su vida profesional y la mujer que se queda rezagada y estancada en una vida chata y escasa. La comunicación debe ser otra pieza clave; tener un propósito común, hecho y tejido de un proyecto compartido; además, tener una cierta moderación a la hora de afrontar los problemas y dificultades que se vayan presentando; el respeto mutuo de palabra y de obra; saber la enorme importancia de una espiritualidad compartida y coherente, que conduce a descubrir la física y la metafísica de la existencia, éste es un plano muy descuidado en la actualidad, ya que vivimos en una era neopagana, en donde los nuevos dioses son el materialismo, el hedonismo, la permisividad, el "todo vale"..., la pérdida de los referentes fundamentaless: un ser humano repleto de información, pero que no sabe adónde va; y finalmente, la importancia de la voluntad, esa capacidad para esforzarse en entenderse con el otro, sabiendo aplazar la recompensa.

Hubo un animado coloquio en el que participó el auditorio, muy entregado al tema y a todas las derivaciones que se desprenden del mismo. En resumen: según el ponente, el amor es una creación personal, que debe ser ensamblada, de cabeza, corazón y espiritualidad; razones, sentimientos, y la cultura como telón de fondo. Por ahí encuentra la pareja la mejor gestión de su empresa. Es necesaria más que nunca una educación sentimental, ya que éstos son moldeables e influenciables. No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncias.

Juan Vicente Boo