RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioCriteriosContinuar
No enterréis todavía la esperanza
La noche había sido larga para las cosas, inacabable. Unas a otras se habían mirado veces y veces, asustadas, temerosas de contarse unas a otras lo que estaban pensando.

Si Dios había muerto, ¿para qué valía la pena vivir? Quizá si hubieran tenido manos se habrían todas suicidado en aquellas horas. ¿O podrían volver a florecer mientras Dios iba convirtiéndose lentamente en carroña? Nunca más podrían vivir, esto lo sabían. Quizá la noche fuera eterna. Lo deseaban: encaminarse en la oscuridad hacia la nada. Sí, que no vuelva nunca el hermano sol.

Pero el hermano sol volvía, lentamente comenzaba a asomarse, casi tímido, tras los lejanos montes, con un júbilo inexplicable, insultante casi.

Y...

La piedra del sepulcro:

Hermanas, hermanas cosas, ¿habéis oído? Algo tembló dentro de mí. Mi corazón de piedra fría ha comenzado a latir como con sangre. ¿Habéis oído? Es como si Él se hubiera movido, como si su pecho se alzara, respirando.

Las vendas y perfumes:

Sí, está vivo. Ya late, frío aún. Pero notamos que la sangre ha empezado a correrle por las venas como un día de fiesta.

La noche que se aleja: ¿Entonces no era cierto que la muerte...?

Un pájaro:

Entonces, ¿es verdad que estamos vivos? ¿Que vamos a estar vivos para siempre?

Un aire:

No, hermano pájaro, nosotros una tarde moriremos.

La tierra:

¿Quién sabe eso? Tal vez nos necesite para hacer nuevos cielos y tierras. ¿Acaso no le hemos querido mientras vivió? ¿Acaso no ayudamos a su cuerpo a vivir? ¿Acaso no dimos sostén a su figura, agua a sus labios, aire para su pecho?

La noche, ya muy lejos:

¿Hay sitio entonces para la esperanza?

La piedra del sepulcro:

Sí, hay sitio. Él ya se mueve. Ha salvado de la muerte no sólo a su alma sino también a su cuerpo, a nuestro hermano su cuerpo.

Un trigal:

¿Podemos entonar ya entonces un canto de esperanza?

La piedra del sepulcro:

Sí, un canto que no se acabe nunca, que corra el mundo de rincón a rincón. Que al tocarnos el hombre descubra que somos el rostro de Alguien, que cantemos loor a la mano que nos hizo.

Unos árboles:

Nosotros levantaremos la bandera de la esperanza. No la dejaremos marchitarse nunca, la haremos renacer en cada llanto, en cada primavera, recién renaciendo sin descanso. Si Él vive, si la muerte ha sido derrotada, ¿qué importa el otoño?

El sol:

Hace sol en el mundo, hermanas cosas, hace sol.

La tierra:

Sí, hermano sol: porque Dios está vivo y para siempre.

J. L. Martín Descalzo
de Siempre es Viernes Santo (Ed. Sígueme)