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A Antonio Gala le ha sentado muy mal que la Iglesia católica condene con dureza el apoyo del Parlamento Europeo a los homosexuales, que por cierto va bastante más lejos que un mero apoyo a los homosexuales. Y se sale por la tangente especulando sobre la castidad eclesiástica, sobre lo inescrutables que son los caminos de Dios y sobre que el amor no tiene por misión única al menos dar hijos. Lo que está más claro que el agua es que, desde luego, lo que el amor no tiene por misión es no darlos, que es lo propio de una relación homosexual. Gala puede asombrarse todo lo quiera e intentar que cuele el camelo de que la familia es ya irreconocible. Serán las familias que frecuenta él. Y también puede empecinarse en llamar familia a las monoparentales, las parejas de hecho, o las del mismo sexo. Por mucho que se empecine, eso no es verdad. Como tampoco es verdad lo que dice de que la vida y el sábado se han hecho para el hombre, y no a la inversa. El sábado, sí: se ha hecho para el hombre, y no a la inversa; pero la vida, no. La vida no es para el hombre; es el hombre para la vida, y no sólo la de aquí abajo, naturalmente. No entenderlo así, es una miopía que produce tristeza.
Es verdaderamente indignante lo que ha ocurrido el pasado fin de semana en el Parlamento Europeo, donde el intolerable absentismo de los europarlamentarios ha impedido que se votase una urgentísima resolución de aumento de ayuda a Etiopía. A lo peor creen los europarlamentarios que su descanso (¿de qué?) es más imprescindible que socorrer, sin perder un minuto, a los miles y miles de víctimas de la tremenda tragedia de Etiopía. Si tuvieran un mínimo de vergüenza y de dignidad, dejarían de avergonzarnos a todos sus representados en la Eurocámara. Resulta verdaderamente hiriente y paradójico que puedan suceder cosas tan bochornosas como ésta. Una magnífica Brevería, recientemente publicada en ABC, comentaba con oportunidad y buen tino el espeluznante suceso protagonizado en Murcia por un joven de 17 años que asesinó con una espada de samurai a sus padres y a su hermana pequeña, y que estremeció a toda España. El columnista planteaba esta acuciante pregunta: ¿Qué puede llevar a un adolescente a asesinar brutalmente a toda su familia, con un ensañamiento tan feroz, que sólo cabría en la cabeza de un guionista cinematográfico, especificado en filmes de escabrosa brutalidad? Evidentemente, en la propia pregunta está la respuesta: esos guionistas, esas películas, esos vídeos, esos juegos informáticos que atontan y embrutecen, y a los que tan irresponsablemente se les deja jugar a los niños y a los adolescentes, son los que precisamente llevan a estas tragedias. La pregunta añadida es ésta: ¿De quién es la culpa? John de Mol, el creador de la productora holandesa que se está forrando miserablemente con el programa de televisión Big Brother (El gran hermano), ha declarado recientemente a La Vanguardia: Antes de condenar "Big Brother", hay que verlo. No, mire usted: hay cosas que ya están demasiado vistas: encerrar a diez personas durante cuatro meses en una casa, y grabar y transmitir por televisión sus comportamientos es algo que no hace falta ver para saber lo que se puede esperar. De modo que antes de que Tele 5 nos haga la pascua y nunca mejor dicho con esa basura, lo mejor es avisar a tiempo y tratar de que nadie pierda el tiempo viendo eso. Gonzalo de Berceo |