RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Libros
Isabel... primera y católica

Jueves Santo y 22 de abril de 1451. A las cinco menos cuarto de la tarde, sin ruido, con la calma de las almas grandes..., el mismo día que la Iglesia celebra con fiesta grande la institución de la Eucaristía ve la luz Isabel. Desde Madrigal de la Altas Torres parte un corcel a galope, para comunicar al rey el nacimiento de su hija. Tras varios cambios de monturas, horas después, Juan II recibe la noticia en el alcázar viejo de la villa de Madrid.

En este tono comienza, prosigue y concluye la biografía de Isabel la Católica, Isabel I, Reina, que ha publicado Luis Suárez en la editorial Ariel. El autor es máxima autoridad en la época y un genio de la narración. A la a vida de Isabel, que supera a la ficción más atractiva, se ha sumado el saber histórico y la tersura del estilo de uno de los más brillantes medievalistas españoles, por lo que este libro se convierte en lectura obligada para quien desee conocer la etapa más importante de nuestra Historia de España.

Cuando el lector creía conocer el reinado de Isabel la Católica, queda sorprendido en cada uno de los capítulos por el enriquecimiento que le proporciona su lectura. Cientos de tópicos se vienen abajo y se abre paso la verdad: el verdadero juicio histórico sobre la integración de los nobles en la monarquía, que no enfrentamiento; la explicación del tanto monta, que no significa lo que generalmente se explica en las aulas; el auténtico origen del yugo y las flechas del escudo de España, que nada tienen que ver con la Falange como algún indocumentado afirmó en la transición... Y las relaciones de la reina con judíos y moriscos, la Unión de Reinos como organización política, la pacificación interior y las relaciones internacionales, la reforma de la sociedad y de los eclesiásticos; y, cómo no, el descubrimiento, colonización y cristianización del Nuevo Mundo.

Todo ello entrelazado por las relaciones regias, pero sobre todo humanas y muy de mujer, tanto que por eso las feministas radicales liquidan su recuerdo de Isabel con tantos personajes, grandes y mezquinos, que Luis Suárez coloca en el relato como imanes que atraen al lector, sin que sus manos se pueden soltar de este libro, por cierto, magníficamente editado. Por todas estas características, no se puede por menos que calificar a este trabajo como una verdadera obra maestra, que lo dice todo del supremo género histórico: ¡Qué grande y qué verdad es la biografía!

En efecto, Luis Suárez, a la vez que mantiene el rigor documental en la fijación de los acontecimientos, según la máxima histórica de que las cosas son lo que son y no lo que nos hubieran gustado que fuesen, escribe este libro al servicio de cualquier persona, porque no se trata de una obra para historiadores, sino de historia, una gran Historia, para un público en general.

Javier Paredes

La Eucaristía

Podemos abandonar los cristianos la Eucaristía? Abandonar la Eucaristía significaría perder el norte de la vida de la gracia, iniciar un viaje sin retorno que nos aleje de nuestras raíces y de nuestra fe. La Eucaristía es fuente y culmen de nuestra vida cristiana, como nos ha recordado el Concilio Vaticano II. Félix María Arocena presenta, en la editorial Rialp, Contemplar la Eucaristía. Antología de textos para celebrar los dos mil años de presencia. Articualdo en tres momentos: el sentir de la Tradición, los Padres de la magna Iglesia y la voz del Magisterio, nos ofrece una cuidada selección de los textos constitutivos de la piedad y de la teología eucarísticas. No se puede más que disfrutar con la belleza del prefacio eucarístico de la liturgia mozárabe, o los cuidados párrafos de las catequésis mistagógicas. Y, para concluir el ciclo, las referencias a las encíclica Mysterium fidei, o los textos de la Carta apostólica Dominicae Cenae, o las referencias a este sacramento admirable del Catecismo de la Iglesia católica. La Eucaristía es un faro de luz que ilumina nuestra vida cristiana. Un faro que debe alimentar el camino de nuestra existencia, que nos une a Cristo, y que nos mantiene con el alimento de los bienes de la Redención.

José Francisco Serrano