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La ONU y las instituciones internacionales tienen que afrontar una nueva realidad: la globalización. Pero las posibilidades para ejercer influencia en este nuevo contexto no son las mismas para todas las naciones, sino que están ligadas a la capacidad económica y tecnológica. En algunos casos, decisiones con consecuencias mundiales son tomadas sólo por un restringido grupo de naciones. Ante estos nuevos desafíos, nacen nuevas respuestas: la importancia de las ONG a nivel internacional. Hay que atribuir sus crecientes éxitos a la promoción en los países industrializados de la conciencia de su responsabilidad compartida en los problemas de los países en vías de desarrollo. Esta nueva conciencia supone una oportunidad única para contribuir a la globalización de la solidaridad, convirtiéndose la ONU en punto de convergencia de los varios intereses y necesidades del mundo. De este modo, la actividad política y económica, con espíritu de solidaridad internacional, debe conducir a una limitación voluntaria de las ventajas unilaterales para que todos puedan compartir los mismos beneficios. Sin embargo, es preocupante que las instituciones internacionales no estén logrando estos objetivos. Algunos grupos tratan de imponer puntos de vista o estilos de vida apoyados por pequeños y específicos segmentos de la sociedad. Esto es quizá más obvio en algunos campos, como el de la defensa de la vida y la tutela familia. Los líderes de las naciones deben tener cuidado para no destruir lo que la comunidad internacional y la ley han desarrollado para preservar la dignidad de la persona humana y la cohesión de la sociedad, patrimonio común que nadie tiene derecho a disipar. (7-IV-2000) |