RetrocesoA&ONº 203/9-III-2000SumarioTestimonioContinuar
Gloria, José María y Cristo
Hola José, he releído tu carta en Alfa y Omega y me he visto impulsado a escribirte, compartiendo así tu realidad, ante la desaparición de tu hija Gloria. En el cielo está. Puede que mi pobre palabra te dé alguna pista que rompa el poder que la muerte ejerce sobre ti.

Habrás oido decir: Nadie ha vuelto del más allá. Se equivocan. Hay uno que ha vuelto: Cristo, el Señor. A partir de ese hecho, de esta primera Pascua, nada es igual, la muerte, muerta.

Tu carta está escrita con tinta del Viernes Santo, real como aquel primer Viernes Santo de la Historia. La muerte y resurrección de Cristo no se celebra por separado, dos acontecimientos se celebran en una fiesta solemne: el Triduo Pascual, cuya parte final es la noche de Pascua, paso del Señor de la muerte a la Vida. Es el Señor el que abre, desde ya, la eternidad para todos los hombres de todos los tiempos.

Si incorporamos a Cristo, nuestra Pascua, al relato epistolar de José María, tendríamos algo similar a lo que narran los evangelios del tiempo pascual: Gloria está en el cielo. De este hecho tienes dos testigos, creídos por ti, Nieves y la comunidad. Dos fueron los testigos que informaron a María y a las demás mujeres la Noticia de la Resurrección.

Queda José María, que dice que no cree..., pero cree. Como Tomás, que no cree que Cristo ha resucitado, pero está en la comunidad. Si no creía, ¿qué pintaba allí...?

Los chicos que caminan hacia Emaús lo tienen más claro. Éstos no creen, ni siquiera esperan al tercer día, por ver si se cumple la profecía. Caminan de espaldas a Jerusalén, escandalizados ante el acontecimiento cruel de la muerte. A todos se les aparece el Señor, y lo hace con el saludo de Paz. Frente a la negación, cobardía, traición… de los doce, Cristo les saluda con lo que el hombre anhela: la Paz.

José María, mirándose al ombligo, forma un círculo sin principio ni final, cuyo hueco es la ausencia de Gloria, la cual está donde su precioso nombre indica.

Querido José María, si cortas el círculo, no tienes otro remedio que enderezarte, puedes ver a Cristo. Pedro, mientras miraba a Cristo, caminaba por las aguas, por los acontecimientos, cuando dejó de mirarle, se hundió. Acontecimientos de muerte que dejan vacío, caos. ¿No te recuerda esto al relato de la Creación? Basta una palabra, la de Dios, para convertir el caos en orbe, orden.

Desde la Encarnación, la Palabra de Dios se llama Cristo. Una Palabra nueva para tu caos, vacío, soledad… Cristo es nuestra Pascua, paso de la muerte a la Vida: Para que, creyendo, tengáis Vida en vosotros. La respuesta que Dios dá al sufrimiento se llama Cristo, no es un discurso, es un acto de Amor, un silencio, una Pasión. Sólo queda aceptar a Cristo. La incorporación de Cristo a tu carta a tu vida: esto es convertirse.

El que escribe es un minusválido, capaz de hacer cosas e incapaz de otras muchas. Situaciones de vacío y muerte, llamadas a ser redimidas por la fe en Cristo Jesús. Has nacido para obtener la salvación por medio de Cristo. ¿En qué lugar pondremos mi minusvalía?… Desde esta óptica, la Cruz se convierte en instrumento de salvación, vida y paz. Experiencias que no te llegarían sin la Cruz.

Un cura-periodista decía: Las palabras hombre y hambre se parecen muchísimo

Dios quiere que tengas Vida y por eso te ha dado a la Iglesia católica. Ten miedo a no ser de Ella. Sé egoísta entrando en Ella, fuera hace mucho frío. No pienses tanto. Dios no se piensa, se vive

Un saludo, José María.

A. Sánchez