RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioContraportadaContinuar
Tenemos necesidad de Ti
El gozo de la Pascua se prolonga 50 días, como signo de la eternidad, de esa Vida sin muerte que
todo corazón humano desea y que Cristo nos ha conseguido con su Muerte y su Resurrección.
Merece la pena saborear esta verdad con estas dos joyas de la Literatura
Te hallas aún, todos los días, en medio de nosotros. Y con nosotros estarás para siempre.

Vives entre nosotros, al lado nuestro, sobre la tierra que es tuya y nuestra, sobre esta tierra que te acogió niño, entre los niños, y reo, entre los ladrones; vives con los vivos, sobre la tierra de los vivos que te agradó y que amas; vives con una vida no humana sobre la tierra de los hombres, invisible quizá incluso para aquellos que te buscan, quizá bajo las apariencias de un pobre que compra su pan por sí mismo y en el que ninguno se fija.

Pero ha llegado ahora el tiempo en que debes reaparecer ante todos nosotros dando una señal terminante e irrecusable a esta generación. Tú ves, Jesús, nuestra necesidad; Tú ves hasta qué punto es improrrogable nuestra necesidad, hasta qué punto es dura y verdadera nuestra angustia, nuestra indigencia, nuestra desesperanza.

Tenemos necesidad de Ti, de Ti solo y de nadie más. Sólo Tú puedes sentir hasta qué punto es grande, desmesuradamente grande, la necesidad que hay de Ti en este mundo, en esta hora del mundo. Todos te necesitan, incluso los que lo ignoran, y los que lo ignoran mucho más que aquellos que lo saben. ¡Bien sabes que hay una gran humildad en nuestra desbordante insolencia! Nosotros queremos únicamente a Ti; queremos tu Persona, queremos ver aquellos ojos que atraviesan las paredes del pecho y la carne del corazón, y que curan cuando hieren con el desdén y hacen sangrar cuando miran con ternura.

Tú sabes bien que una mirada tuya puede cambiar por completo y mudar las almas nuestras, que tu voz nos puede sacar del estiércol de nuestra miseria infinita; sabes Tú mejor que nosotros, mucho más profundamente que nosotros, que tu presencia es urgente e irretrasable en esta época que no te conoce.

Tú lo perdonaste siempre todo. No somos otra cosa que remiendos, verdugos de nosotros mismos. Te hemos rechazado porque eras demasiado puro para nosotros; te hemos condenado a muerte porque eras la sentencia condenatoria de nuestra vida. En ninguna época como en ésta hemos sentido la sed angustiosa de una salvación sobrenatural. En ningún tiempo de cuantos recordamos ha sido el envilecimiento tan vil y la sed tan abrasadora.

La avidez de tener demasiado ha engendrado la indigencia de lo necesario; la comezón de los placeres ha traído la roedura de los tormentos; el delirio de la libertad, la agravación de las cadenas. El mundo practica una sola religión: la Fuerza, la Riqueza y la Carne. La antigua familia se deshace; el matrimonio es destruido por el adulterio; el tener hijos es para muchos maldición y lo esquivan recurriendo a fraudes y al aborto voluntario; la fornicación toma la delantera a los amores legítimos; la sodomía tiene panegiristas y sus lupanares. Todo lo que parece orden no es sino adorno y simulacro.

Más de una vez te apareciste a los vivos después de la Resurrección. A los que creían odiarte, a los que te habrían amado aunque Tú no fueses el Hijo de Dios, mostraste tu rostro y les hablaste con tu voz. Tú fuiste luz y palabra en el camino de Pablo, fuego y sangre en la cueva de Francisco, amor desesperado y perfecto en las celdas de Catalina y de Teresa; si volviste para uno, ¿por qué no vuelves para todos una vez? ¿No dijiste que habías venido para los enfermos y no para los sanos, para el que se ha extraviado y no para los que no se movieron? Tu mensaje no fue nunca tan necesario como hoy.

Te esperamos todos los días, a despecho de nuestra indignidad.

Giovanni Papini

Villancico égloga

 

Todos se deven gozar
en Cristo ressucitar.
Pues que su triste passión
fue para resurreción,
con muy gran consolación
nos devemos alegrar.
Cristo, por nos redemir,
gran passión quiso sufrir;
con su precioso morir
la vida nos quiso dar.

Si fue muy grande el dolor
el plazer es muy mayor
viendo a nuestro Redentor
de muerte ressucitar.
Fin.

Por tan ecelente bien
las gracias a Dios se den,
digamos todos amén
por santamente acabar.

Juan del Encina
(1468-1529)