RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioDesde la feContinuar
La familia, la mejor inversión
política
El cardenal López Trujillo mantiene alerta las fuerzas del bien en la defensa de la familia y de la vida. Sus palabras, en este Congreso, han sido un acicate en la causa del valor humano fundamental: la vida. Al término de una de las ponencias, concedió estas breves declaraciones a "Alfa y Omega":

Eminencia, si ponemos el termómetro a la causa de la defensa de la vida, en Europa, ¿qué temperatura nos marca?

Sabemos que, por un lado, hay dificultades en algunos lugares, en algunos Parlamentos. Pero, por otra parte, también va creciendo una mayor conciencia de la necesidad, de la urgencia, que va proponiendo nuevas y adecuadas políticas familiares. Éste será un servicio indudable a la familia y a la sociedad. El Presidente Betancourt decía, en su ponencia, que la familia también era un hecho de amor hacia la sociedad, es un gran bien hacia la sociedad. Por eso, la mejor inversión que pueden hacer los políticos y los legisladores es precisamente ésa: invertir en el servicio de la familia, en su unidad, en la educación integral de los hijos. ¡Qué mejor inversión para un pueblo! Llama mucho la atención cuando las políticas familiares son pobres; cuando se desestimula o se obstaculiza la labor formativa del hogar; cuando la familia, que es una realidad fundamental, no sólo para los creyentes, no sólo para los católicos, sino para todo ser humano, se deja como algo marginal, o se la presenta y equipara con modelos de carácter alternativo, en contra de lo que es la voluntad de Dios y su proyecto, que responde realmente a lo que el hombre necesita. Yo creo que se trabaja con una visión de realismo, y con un gran entusiasmo, sabiendo que la gran causa de la familia y de la vida crece, se agiganta y terminará por imponerse por el camino de la persuasión de la verdad.

Juan Pablo II ha hablado, en su encíclica Evangelium vitae, de la cultura de la muerte y de sus actores. ¿Quiénes son en nuestra sociedad?

El Papa ha hablado de una conspiración, una conjura. Una conspiración y una conjura se hace sumando personas, grupos, instituciones. Sabemos que hay unidades coordinadas, inclusive con cierto poder económico, y político, que quieren imponer una nueva cultura, pero que esté de espaldas al bien del hombre, de la familia y, por lo tanto, de la sociedad. Se engañan, manejando como si fueran verdad cosas que, en el fondo, no lo son. Yo les pregunto muchas veces a los legisladores, en mis constantes relaciones y encuentros con ellos, si observan a las familias normales de cualquier parte de Europa, de América…, qué les pedirían ellas: colaboración para poder sacar las familias adelante en diversos aspectos, para hacer más viable el problema económico, para poder educar mejor, para poder asegurar una mejor salud, para que no haya desempleo y a veces hasta hambre, sino para que haya posibilidades humanas. ¿Qué familia sensata no quiere lo mejor para los hijos? Sin embargo, hay legisladores que imaginan un tipo de familia que no existe, existe sólo en sus cabezas oscurecidas. Pasan por un eclipse de la verdad. Se imaginan que es otra cosa lo que quiere la gente, la base, las familias, los padres. ¿Qué padre piensa que muchas de las cosas que están ofreciéndose hoy garantizan el futuro y la dignidad de sus hijos y de sus hijas? Lo que hay es una falta de sintonía, por un sarampión que creemos será transitorio, dado que serán las mismas familias las que, en un momento dado, dirán basta. Por otro lado, nos encontramos con una distorsión con los políticos que creen, falsamente, que les producen votos proyectos que interesan a determinados grupos minúsculos. A la larga, eso no es así. Si la familia se organiza mejor, políticamente, en el sentido de dialogar con los parlamentarios, de exigir programas que respeten la familia, que tengan en cuenta todo el valor de la vida, si ellos se consideran dialogantes y conciencia crítica, entonces habrá otro proceder de los mismos legisladores y de los mismos políticos. No hay peor actitud que engañar a otros ocultando la verdad.’