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¿Qué significa que el Grupo Parlamentario Socialista haya presentado, ya, una proposición de ley para introducir un cuarto supuesto en la ley de despenalización del aborto?Simplemente es continuar con la misma estrategia. Hemos de salirnos de las circunstancias concretas de por qué lo hacen y afirmar los valores que están en juego. En este caso el valor de la dignidad de la vida humana desde el inicio hasta su muerte natural. Por tanto, la Iglesia y todos los movimientos que defienden la vida humana lo que quieren es salirse exactamente de estrategias concretas para afirmar, en el fondo, que lo que está en juego es el futuro mismo del hombre. Las afirmaciones que se hacen desde el campo jurídico no están corroborando lo que en este momento el campo de la biología y la ciencia afirman continuamente. Los intentos que se proponen en España para ir destruyendo más vida deben de ser considerados no como progreso sino como un retroceso que nos vuelve a quitar lo que es más sustantivo en toda democracia: afirmar la dignidad y el valor de la vida humana. Destruirla no llevará a España a ningún progreso. |
| ¿Qué le pediría, en este sentido, a la política española que inaugura una nueva legislatura?
El gran paso de la política española, y ahí me refiero a todos los partidos, sería un consenso sobre lo que significa un sí rotundo por la vida humana, poniendo después las condiciones necesarias y los apoyos para que las instituciones acojan todo lo que significa la ayuda a las madres que tengan que concebir y dar a luz un hijo para que no lo destruyan. Por tanto, más que empecinarnos en políticas destructoras de la vida, pediríamos políticas que ayuden a la mujer, que no censuren a la mujer, que no demonicen a la mujer, sino que encuentren de verdad el apoyo fraterno y solidario de una sociedad que quiere progreso. El progreso es ayudar a que nadie sea excluido, ni el concebido no nacido, ni el extranjero, ni el pobre, ni el diferente. Todos tenemos cabida cuando orientamos la libertad hacia la convivencia que respeta la dignidad de la persona; cuando nos queremos regir por principios constructores de la vida y no de la destrucción de la vida. La última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española ha encargado a la Subcomisión de Familia y Vida, junto con otras Comisiones episcopales, la celebración de un documento sobre la familia y la vida. ¿Cuáles serán las ideas maestras de este texto? El documento va confiado a la Comisión para la Doctrina de la Fe, a la Subcomisión para la Familia y la Vida, y después también, como referencia, a la Comisión de Asuntos Jurídicos. Pienso que es un documento de una importancia y de una urgencia verdaderamente extraordinaria. Después del año 1979, en que la CEE hizo su propio documento sobre el matrimonio y sobre la pastoral de sanidad, dadas las nuevas circunstancias que se han dado en toda Europa y que se dan en concreto en nuestro país, hacía falta una reflexión en profundidad, sobre todo centrándola en la nueva situación respecto de una cultura dominante, respecto a los cambios sociológicos y los cambios legales, que proponga un concepto de persona, una antropología que llamamos adecuada, que pueda marcar los caminos de lo que después se sustancie en las leyes y pueda servir de camino para la construcción social. Mientras no tengamos claro que todo depende de una concepción del hombre, difícilmente veremos cómo el matrimonio es continuidad de la persona. Estos temas quedarán sustanciados en un gran documento donde, centrados en el valor de la persona, veamos cómo la procreación entra dentro de lo que llama el Papa Juan Pablo II la lógica del don, donde hay una diversidad de personas, varón-mujer, que lleva a la reciprocidad mutua en una vocación primordial que es la esponsal. Desde ahí se origina el matrimonio. Y éste es el máximo bien social para toda la sociedad. J. F. S. |