RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Pujol habla de la defensa de la familia y de la vida en los
Parlamentos regionales
Un incomprensible complejo
En la defensa de la familia hay mucha gente acomplejada, ha dicho el Presidente Pujol. El Presidente
de la Generalidad de Cataluña presentó una muy interesante ponencia en el Congreso Familia y vida
organizado el pasado año por el Consejo Pontificio para la Familia, de la que ofrecemos un amplio
extracto a nuestros lectores, recogido de Familia et Vita
Cuestiones relacionadas con la familia, en muchos países, corresponde a los Parlamentos y Gobiernos estatales; pero en otros, los Parlamentos regionales tienen a su vez unas competencias, mayores o menores según los casos, que inciden sobre la familia; por ejemplo en vivienda y en aspectos relacionados con el trabajo. Un joven, hombre o mujer, no está asentado en la vida hasta que dispone de vivienda y de trabajo. Naturalmente hay una tercera etapa que les asienta: crear una familia. Y en todo eso pueden incidir los Parlamentos regionales, desde la política de guarderías, hasta la enseñanza universitaria. En España no se había dado hasta ahora un tratamiento adecuado a la familia, pero ahora está cambiando, y en sentido muy positivo, gracias precisamente a la iniciativa de los Parlamentos regionales. Con posibilidades limitadas, es cierto, pero reales, y con actuaciones en política fiscal a favor de la familia.

El Parlamento catalán ha legislado muy recientemente sobre esta materia, aunque debo significarles que ha provocado algunas críticas por parte de sectores laicos, y más modestamente —debo decirlo también— de algún sector católico.

Uno de los mayores problemas para la defensa de la familia está precisamente en el terreno de las ideas y de las actitudes. La familia ha sido presentada tradicionalmente como un valor de derechas y, por lo tanto, a combatir por parte de amplios sectores del mundo político e intelectual, pretendiendo diluirla abierta o disimuladamente. En este terreno, los defensores de la familia nos hemos encontrado a menudo en condiciones de manifiesta inferioridad. Estas críticas no estaban justificadas, pues la familia siempre ha sido un instrumento al servicio de la persona. Y, por lo tanto, es una institución que lleva implícito el concepto de progreso. Pero en la defensa de la familia hay mucha gente acomplejada. Estas actitudes que denuncio ya no tienen razón de ser cuando la idea de la familia gana terreno, en dos aspectos: primero, en que hay una recuperación general de los valores de la familia, quizás todavía no en ciertos sectores intelectuales o políticos, pero donde menos recupera terreno es en muchos medios de comunicación, punto éste sobre el que merece la pena reflexionar. Y lo gana mucho más con el reconocimiento que se hace de la familia como un gran instrumento de cohesión y de progreso social. Porque lo que hay precisamente —aunque alguien pretenda soslayarlo— es una creciente percepción de los efectos negativos de la carencia de la familia. Le Monde —al que nadie desde la izquierda se atrevería a contradecir— dice: La gauche avait deserté du terrain de la famille; y La gauche se cherche une familie. Se refería a recientes decisiones del Partido Socialista Francés, y concretamente de su Primer Ministro, Jospin. Se dan cuenta de que es un error para alguien que, como su Gobierno, tiene la responsabilidad de llevar el país adelante; y de que hay valores inherentes a la familia que son indispensables, moral y socialmente. Se dan cuenta de ello precisamente quienes antes eludían el tema. ¿Qué sentido tiene que quienes siempre han defendido la familia tengan complejos, cuando los que durante muchos años han hecho política de desdén sobre la familia están ahora rectificando?

Por un estudio sobre los programas electorales británicos de las últimas elecciones, los laboristas llegan a estas conclusiones:

* reorientar el sistema tributario y las prestaciones sociales para incentivar el matrimonio duradero;

* no hacer fácil el divorcio;

* hacer lo necesario para que las mujeres que quieran puedan quedarse en casa y cuidar de sus hijos;

* atender en lo posible las conclusiones de un grupo de estudios y de asesoramiento, de Tony Blair, sobre economía, ocupación y familia. La familia —se acaba de decir hoy, como decía ayer el profesor Schambeck— es un padre, una madre y dos hijos... —si vienen, naturalmente—, pero en cualquier caso padre, madre e hijos.

En 1995, el Gobierno de Cataluña organizó en Barcelona una importante reunión con expertos del Consejo Nórdico sobre el Estado del Bienestar, y concluían: El mantenimiento del Estado del Bienestar sólo será posible si hay familias sólidas. Esto no lo dijo un párroco, ni un intelectual católico, ni un político natalista, sino los expertos de Gobiernos, generalmente socialdemócratas, de la europea escandinava. Aquí tenemos argumentos de orden moral e ideológico —para nosotros de raíz cristiana— y argumentos de interés social. Porque solamente en la familia —o para ser más precisos, sobre todo en la familia— se ejerce la solidaridad que consiste en dar más que recibir. ¿Por qué creen que ustedes que hay más paro en España que en Gran Bretaña y, sin embargo, los efectos del paro son más destructores en Gran Bretaña que en España? Porque, en España, a pesar de todo, hay más solidaridad familiar. Eso lo dicen los expertos nórdicos. Los Gobiernos, Ayuntamientos, no lo pueden hacer todo. Entonces, ¿quién complementa? La sociedad; pero dentro de la sociedad, la familia. Y respecto a la formación de los hijos, ¿dónde se hace? El mismo artículo de Le Monde decía: Si piensan por un momento que la formación de los hijos la van a hacer únicamente las escuelas, es decir, los maestros, es que no han comprendido sus auténticas raíces, pues deben intervenir las familias. Los maestros de escuela son indispensables, es cierto; pero si no hay familia, no hay formación. El alcalde de Chicago me dijo en una ocasión: Nosotros, no podemos recomponer ciertos barrios de la ciudad porque no hay familias.

Esto sorprende porque lo repiten más quienes precisamente durante muchos años han gastado bromas sobre la familia, y la han ridiculizado. Ahora dicen: Si no reconstruimos la familia... Pero claro, la familia no la van a reconstruir los Gobiernos, que pueden hacer muchas cosas, pero no recomponer la familia. Los Gobiernos pueden crear el marco para que las familias puedan vivir y desarrollarse, pero en este punto es donde los cristianos tienen mucho que decir y deben recomponerla o recontruirla. O sea, que son nuestros referentes morales y religiosos los que son cada vez más asumidos por más gente, incluso por aquella de raíz no cristiana. Podemos decir, sin petulancia pero con seguridad: ¿Quién ha apostado más por el progreso que quienes siempre hemos apostado por la familia? Esto se manifiesta constantemente en los Parlamentos, y tenemos que sabernos defender de algunos sectores políticos a los cuales todavía no ha llegado esta corriente general, porque leen poco, porque se mueven en el terreno de la inmediatez, del titular del periódico, y no se fijan en lo que sucede en el mundo. En todas partes, lo que está de moda es la defensa de la familia.

Jordi Pujol y Soley