RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioDesde la feContinuar
Monasterio de Santa Juana: lugar de Peregrinación en el Año
Jubilar 2000
El Conhorte: sermones de una
mujer
El próximo sábado, día 29 de abril, el monasterio de Santa Juana (Cubas de la Sagra, diócesis de Getafe) recibirá como cada año a miles de peregrinos procedentes de diversas localidades: desde Móstoles o Alcorcón, a Numancia o Illescas. Este año, con la peculiaridad de poder obtener allí las gracias jubilares

La vida de esta seráfica virgen en la grandeza de la santidad, y singularidad de las gracias y favores divinos, la hallo muy parecida a las de santa Hildegarda y santa Brígida; así en los resplandores tan grandes de sus santas vidas como en las ilustraciones tan singulares de sus divinas revelaciones.

Estas palabras, referidas a la Venerable sor Juana de la Cruz, la Santa Juana, son de un eminente franciscano, fray Francisco de Sosa, que fue General de la Orden de San Francisco, y después sucesivamente obispo de Canarias, y de Burgo de Osma. No es el único que, ante la altura del magisterio de esta mujer excepcional, la compara con las grandes maestras medievales.

La Santa Juana nació el 3 de mayo de 1481. Pasó su infancia en su villa natal Azaña (hoy Numancia de la Sagra, Toledo), y la adolescencia en la villa imperial de Illescas. Era hermosa, llena de gracia, y un hidalgo se enamoró de ella. Pero ya estaba tocada por aquella oleada de ideal y de fervor religioso que se levantaba en España y tendría su eclosión en el Siglo de Oro. Por evitar las bodas, a los 15 años, sola y vestida de chico, huyó de casa y pidió el hábito franciscano en el Beaterio de Santa María de la Cruz (Cubas, Madrid).

Pronto se manifestaron en ella los dones de gracia y fenómenos místicos. El más notorio fue el de la predicación carismática. Su arzobispo, el cardenal Cisneros, acudió a escucharla, y no sólo la aprobó, sino que la nombró párroco del pueblo de Cubas, con lo que su predicación quedaba legitimada. Dijeron sus contemporáneos que el cardenal le fue muy devoto.

Y predicó la Santa Juana durante trece años. Hablaba en estado de rapto o sueño místico. En los sermones describía lo que contemplaba en visión, y lo explicaba. De esa forma aquel teatro del cielo, lleno de colorido y dinamismo, se traducía en enseñanzas inteligibles y útiles para los que escuchaban. Tenía el arte de las
Maestras auténticas: enseñar con deleite. La oían embelesados los grandes y sencillos. El Gran Capitán, el duque de Alba, el del Infantado, el mismo emperador Carlos V la visitó varias veces oyendo su doctrina, buscando discernimiento y la luz de la profecía.

Sor Juana fue comparada con las grandes mujeres medievales porque predicaba con autoridad. No la autoridad impositiva, sino aquella otra forma persuasiva, femenina, ungida de convencimiento y de ternura. La denuncia profética más comprometida salía de sus labios con tal gracia y delicadeza, que era capaz de conmover los corazones más duros. Tal vez por eso, porque sus hablas era inspiradas, inteligibles y útiles, el Licenciado Gregorio López Madera declaró:

Entiendo que el libro del Conhorte es una eficacísima prueba de que el Espíritu actuó en ella con lo más maravilloso que se lee de santa Brígida y de santa Gertrudis y santa Catalina de Siena y otras santas iluminadas del Espíritu del Señor. Y en cuanto al estilo y explicación de la Escritura Sagrada y doctrina natural para las costumbres, las supera a todas.

Celoso de que no se perdiera aquella riqueza, el cardenal Cisneros mandó que se escribieran los sermones de la Santa Juana. Cumplió el encargo otra mujer, sor María Evangelista, hermana de la misma comunidad. No era posible escribirlo todo. El material recogido se ordenó conforme al orden de un Año litúrgico. Así se formó el Libro del Conhorte. El ejemplar más antiguo lo pidió el rey Felipe II para la Real Biblioteca de El Escorial, y allí estuvo oculto durante siglos. Ahora el Conhorte, con sus 72 sermones, ha sido publicado en la Fundación Universitaria Española con el título: El Conhorte: Sermones de una mujer, la Santa Juana (1481-1534). La Introducción es un resumen de la tesis doctoral de Inocente García de Andrés.

He aquí una gran mujer. He aquí una gran maestra que nació en la provincia de Toledo y murió en la de Madrid. He aquí una gran mística, que expresa en un rico castellano lo que contempla en el arrabal de la ciudad celeste. Unos la compararon con las maestras medievales, alguien dijo que las superó.

Sor Mª Victoria Triviño, osc.