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A Umbral y no sólo a Umbral le ha puesto muy nervioso el, para él, sorprendente y creciente fenómeno de la honda vivencia religiosa de la Semana Santa en toda España, y particularmente en Madrid. Yo no me creo que este hecho le sorprenda realmente. Es lo que le interesa decir, pero en el fondo fondo, y de verdad, no le sorprende. Otra cosa es que la realidad de los hechos, la realidad de una fe que, a pesar de todos los esfuerzos de los Umbrales por recluirla en el santuario de la propia conciencia y, como mucho, de las sacristías, sale lógica y naturalmente a la calle, le ponga lógicamente nervioso, porque comprueba que toda su personal campaña bien adobada y orquestada y programada por el correspondiente mariachi teorizador de una España laica se queda en puro bla bla bla. Cada año más, porque afortunadamente cada año la sociedad española, concretamente la madrileña en este caso, está perdiendo a marchas forzadas el incomprensible complejo como de inferioridad o de vergüenza que lo políticamente correcto le había hecho coger desde los años felizmente superados del felipismo y de la movida del viejo profesor. Umbral, desde su dacha, no ve más que lo que le cuentan. Si se tomara la molestia de enterarse personalmente, antes de echar la lengua a paseo, de darse una vuelta y ver, en vez de hablar de oídas, comprobaría que, poco a poco, esto va dejando de ser el erial en el que algunos lo querían convertir y la Semana Santa y no sólo la Semana Santa cada vez, gracias a Dios, se nota más. Y, lo que es más esperanzador todavía, con muchos jóvenes lo de beatas y jubilados es un cliché rancio que revela lo lejos que Umbral y su mariachi viven de la realidad que encuentran sentido a su vida en la vivencia de los misterios cristianos. Los autos de fe se los dejan para los estudiosos y teóricos umbralianos. De modo que Umbral haría bien en ponerse al día, porque lo contrario, como puede comprobarse con todos los viejos clichés políticos, económicos y culturales, deja al personal fané y descangallado, y es una pena acabar así
No hace mucho pasó por Madrid Leonardo Boff. Sin pena ni gloria, aunque todavía no falta la María Antonia Iglesias de turno que, creyendo que todavía Boff es alguien, le hace una larga entrevista en Tiempo, en la que, con una profesionalidad que deja bastante que desear, en vez de preguntar, empieza sentando esta deslumbrante y luminosa cátedra: Supongo que tendrá usted una respuesta que explique por qué en la Iglesia los que mandan tienen tanto miedo de los que piensan. A lo peor María Antonia Iglesias cree que los únicos que piensan son ella y Boff; si no fuera de dar pena, sería de dar risa, porque si los que piensan nunca son de temer, sí lo son, a veces, los que creen que piensan y no saben ni lo que eso significa. El Mundo celebró el Jueves Santo con un infumable artículo en el que Gabriel Albiac trata de bailarle el agua a Gonzalo Puente Ojea, quien sigue en sus trece, inasequible al desaliento, con su vieja y caducada murga sobre el mito de Cristo. Dice Albiac, que suprimida la ignorancia, se suprime la estúpida admiración. Pues aplíquese el cuento, porque eso es lo que a él le pasa con Puente Ojea. Gonzalo de Berceo |