RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioEl Día del SeñorContinuar
Año de Gracia
Que Cristo el Señor nació hombre de hombre, lo creyeron muchos incluso extraños e impíos, aunque desconocían su nacimiento virginal; que Cristo nació como hombre, lo creyeron tanto los amigos como los enemigos; que Cristo fue crucificado y muerto, lo creyeron tanto los amigos como los enemigos; que resucitó sólo lo saben los amigos. ¿Y por qué? Cristo el Señor, en el hecho de nacer y de morir, tenía la mirada puesta en la resurrección; en ella estableció los límites de nuestra fe. Nuestra raza, es decir, la raza humana, conocía dos cosas: el nacer y el morir. Para enseñarnos lo que no conocíamos, tomó lo que conocíamos. En la región de la tierra, en nuestra condición mortal, era habitual, absolutamente habitual el nacer y el morir; tan habitual que, así como en el cielo no puede darse, así en la tierra no cesa de existir En cambio, ¿quién conocía el resucitar y el vivir perpetuamente? Ésta es la novedad que trajo a nuestra región quien vino de Dios.

¡Gran acto de misericordia!; se hizo hombre por el hombre; ¡se hizo hombre el creador del hombre! Nada extraordinario es para Cristo el ser lo que era, pero quiso que fuera grande el hacerse Él lo que había hecho. ¿Qué significa hacerse Él lo que había hecho? Hacerse hombre quien había hecho al hombre. He aquí su misericordia.

San Agustín