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PARA LEER UN PERIODICO
1. Lo ideal es leer dos o más periódicos de tendencias contrarias, para poder contrastar y discernir con más elementos de juicio. Pero si usted sólo es lector de un periódico, elija habitualmente el mismo; aquel cuyo ideario le sea más afín y le agrade más el proyecto informativo que desarrolla. Esto es, el estilo, la selección y valoración de informaciones, la manera de titularlas, cómo las destaca, etcétera. 2. Tenga presente que la objetividad pura no existe. Idénticos hechos son publicados por cada periódico en función del ideario, y presentados según el proyecto o estilo propio del periódico. 3. Aceptando esa objetividad tendenciosa (dicho sea sin ánimo peyorativo) hay que distinguir qué es información y qué es opinión. Aquélla debe ser sólo eso, mera noticia, y hay que exigirle que ni oculte datos ni los desvirtúe. Cuando la información va acompañada de opinión, infórmese de quién la firma, porque a la difícil objetividad hay que añadir la subjetividad de quien la escribe. |
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4. Un periódico bien hecho es aquel cuyo contenido puede captarse durante los diez minutos del desayuno. Haga esa primera observación mientras va seleccionando aquellos temas que
leerá después con más detenimiento. 5. No se deje deslumbrar por los titulares de una noticia, pues no siempre reflejan sumariamente su contenido. Hay que leerla íntegramente antes de emitir un juicio. Si lo hace con espíritu crítico, podrá darse idea de la desinformación que puede padecer aquel que sólo es lector de titulares. 6. No olvide nunca que la letra impresa no es dogma de fe ni siquiera signo de veracidad. Los hechos han podido ocurrir de manera diferente a como se cuentan. Guárdese, por tanto, de toda información que no vea debidamente contrastada o no recoja la versión de todas las partes. Las noticias suelen ser incompletas en el momento de su publicación. Es necesario, pues, un seguimiento de las mismas en días sucesivos para disponer de más datos. 7. Los columnistas no son infalibles en sus observaciones. Léalos con espíritu crítico, con la intención de encontrar discrepancias con su propio criterio. Es un buen ejercicio para desarrollar la capacidad de análisis. 8. No desdeñe la lectura de los editoriales. Si se identifica de alguna manera con el ideario de su periódico, los editoriales le ayudarán en la formación de un criterio serio y fundamentado. 9. En los contenidos relativos a la religión o a la vida de la Iglesia, conviene acudir a las publicaciones o revistas especializadas, ya que, por lo general, salvo algunas excepciones, estas informaciones suelen ser en los periódicos menos objetivas que las demás, bien sea por ignorancia, ligereza o prejuicios. 10. Si en lo esencial está de acuerdo con su periódico, escríbale al director cuando encuentre algo que razonablemente él debería evitar. Muchos directores suelen ser muy sensibles a las críticas razonadas, sobre todo si son constructivas y afectuosas. Unión Católica de Informadores PISTAS PARA UN ESPECTADOR AVISADO 1. Elige tu película a través de una orientación previa, ajena, por supuesto, a los reclamos publicitarios. 2. Procura verla el día, a la hora y con el estado de ánimo más propicio para su degustación. 3. Trata de ampliar cada vez más tus gustos por los diversos géneros, estilos y nacionalidades contra la inercia de lo ya conocido. 4. No digas nunca esa tontería de que Yo voy al cine a pasarlo bien y distraerme porque bastantes problemas tiene ya la vida. 5. Mientras contemplas la película, trata de descubrir sus valores argumentales, estéticos, interpretativos y humanos. 6. Si puedes, cuando estés realizando tu propia rumia de la película no antes, trata de leer una crítica solvente que te ayude, en diálogo silencioso, a descubrir sus valores. 7. Mejor aún, comenta, si puedes, la película con los amigos, con la esposa, con los hijos, enriqueciendo y contrastando tu opinión con la de los otros. 8. Recomienda la película que a ti te ha gustado. No hay publicidad más eficaz que la de boca a oído. 9. Tampoco te importe volver a ver una película, cuando te haya gustado mucho y veas que no la has abarcado. 10. Y, por fin, valora y agradece la capacidad creativa de los buenos directores, guionistas e intérpretes, que te han hecho disfrutar y te han enriquecido y hecho crecer como persona. Santiago Gil de Muro PARA ESCUCHAR LA RADIO 1. Encontrar la hora adecuada. Cada oyente debe saber cuándo puede estar mejor o peor informado. No todas las horas son las mismas para todos. 2. Buscar la sintonía amiga. Cada uno debe intentar sintonizar con la emisora que responda a sus inquietudes o preferencias políticas, económicas, religiosas, etc. 3. Diversificar la audiencia. Pero, a pesar de lo dicho en el anterior apartado, es conveniente que se oigan varias emisoras para poder encontrar el punto medio de influencia y de credibilidad. 4. Discrepar a menudo. Conviene no asentir a todo lo que se dice por el medio radio. De ahí la necesidad de diversificar las preferencias y de discutir, aunque sea mentalmente, con lo que se está diciendo en las distintas emisoras. 5. Huir de los santones. Los tertulianos son los nuevos santones de las emisoras de radio, son los que hablan y saben de todo sin conocer todo. Pueden ayudar a completar la información, pero nunca a dirigir nuestra opinión personal. 6. Huir del sensacionalismo. Aquellas emisoras que hacen del sensacionalismo su primera premisa informativa, no son aconsejables para el oyente. Hay que buscar la información sin alharacas. 7. Huir del personalismo. Aquellos que hacen información muy personalizada transmiten sus propias sensaciones a los oyentes. Sensaciones que, en la mayoría de los casos, no responden a la realidad ni a las señas de identidad de la emisora escuchada. 8. Ser muy crítico. Tenemos que escuchar la radio con criterios propios y, por tanto, no tener miedo a criticar a aquello o aquellos que nos parece que no están acertados en sus apreciaciones sobre informaciones y comentarios. Es conveniente hacérselo saber a la emisora a través de cartas o de llamadas telefónicas. 9. La información es lo primero. La noticia debe ser el Catecismo de la emisora. Tenemos que aprender a distinguir noticias de opinión. Tenemos que saber seleccionar lo que es noticia. La noticia más relevante no puede ser el hecho de que sea un acontecimiento interesante o espectacular, sino su importancia o significado. 10. Escuchar, no oír. Retomamos el inicio del escrito. Tenemos que aprender a escuchar la radio y no solamente a oír. Escuchar una transmisión de noticias y valorar que tengan siempre en cuenta las peculiaridades, posibilidades y limitaciones del medio radiofónico. Rafael Ortega DIEZ PALABRAS AL PRINCIPIO 1. Conozca usted la televisión. No es el aparato ante el que se pone usted. Es más bien el producto plástico y sonoro que ha requerido para su factura muchos esfuerzos personales y económicos, más de un quebradero de cabeza y hasta es posible que algún acomodamiento de la conciencia. Decía Francois Truffaut que un simple movimiento de cámara es de por sí un problema moral. 2. Ámela en lo que vale. No crea usted que la mejor solución a los problemas que puede plantear la televisión en casa es la de dejarla afuera. La de no tener televisión. La televisión, tan aparentemente apisonadora, es sumisa y es modesta. La televisión, sencillamente, oferta su producto. Y hay que amarla porque ese producto es múltiple y respetuoso. Usted tiene en la mano el mando a distancia. Y puede hacer con él lo que le parezca más oportuno. Y la televisión no se va a quejar a nadie. 3. No hay que verla solos. La televisión no tiene que ser la sacudida del aburrimiento en esas largas horas en que no hacemos nada porque nada se nos ocurre. El espectador de la televisión tiene que ser generoso consigo mismo y con los demás. El destinatario verdadero de la televisión no es el individuo, sino el grupo familiar. Entre dos o cuatro o cinco puede ver más y mejor que lo que es capaz de ver una persona sola... y solitaria. 4. No exija a la tele lo que la tele no puede dar. Se le pide cultura. Una cultura uniforme. Se le pide que edifique virtudes en los ciudadanos, como si la moral fuera unitaria y catequética. Se le pide que no nos aburra. Se le pide que dé a nuestros ocios el divertimento que más vaya con nuestra capacidad de distracción. Hay que convencerse: la televisión no está para suplir las carencias de algo o de alguien. 5. Seleccione los programas. Echen lo que echen, no se lo trague todo. Si usted es un consumidor a esgaya, acabará por hastiarse de la televisión y llegará imprudentemente a la conclusión de que no hay en ella nada que valga la pena. Yo le digo a usted que sí: que a diario hay en la televisión (en las muchas televisiones que tenemos) bastantes programas apetecibles. Inevitables, incluso. 6. Busque la almendra de cada programa. Ya está hecha la selección. Ya nos sentamos a desmenuzar el menú que hemos preparado. Y bien: se va a dar cuenta de que cada programa tiene su exigencia: de tema, de realización, de compromiso. Reexamine usted la calidad de estos elementos. Comprométase con ellos. Retire la paja que pueda encontrar. 7. Cambiar de canal es cosa sabia. Le pedirán a usted que no cambie. No haga caso de esas instancias. Si a usted le gusta el programa que está viendo, siga con él pero sin que nadie le empuje. Pero si no le gusta, sepa usted por qué lo abandona, pero abandónelo. 8. Rechace la violencia. Toda la violencia. La que viene en las películas con series contadas a propósito y conveniencia de la misma la violencia o la que se filtra en los documentos de la guerra abierta o de las facciones revolucionarias. La juventud que puede haber en la casa acabará por no distinguir la violencia de verdad documental de la violencia construida. 9. Hay que hablar de lo que se ha visto. Los programas no deben morir una vez que han pasado por televisión. Los buenos tienen derecho a que se los discuta y a que se llegue con ellos a conclusiones estéticas o morales. O a las dos a la vez. Y el espectador inteligente hará bien en llevar sus ideas las que se le hayan promovido por un programa a la conversación de la casa o de la calle, o de las reuniones de amigos. 10. No todos los programas son iguales. Ni son iguales sus formulaciones. Ni son iguales los destinatarios. Hay programas en diferido y hay programas en directo. Los en directo son la televisión más verdadera y habrá que tenerlo en cuenta. Los montados en estudio o los que van en diferido con posibilidad de manipulación de sus imágenes, siempre ofrecen sospechas. Eduardo T. Gil de Muro PARA NAVEGAR POR INTERNET 1. Qué tipo de software ha de utilizarse: * Las páginas web suelen utilizar recursos compatibles con las últimas versiones de los navegadores. Por tanto, deberemos tener descargados dichos navegadores en nuestro ordenador, que suelen ser gratuitos. * Cuanto más reciente sea un navegador más recursos de memoria necesitará nuestro ordenador. * Muchas páginas utilizan software de última generación para visualizar determinado tipo de imágenes o animaciones. Se suele dejar la posibilidad de descargarlo gratuitamente (o por un período de prueba) en la página principal. 2. En referencia al hardware: * La mayoría de las páginas están optimizadas para ser visualizadas en 800x600 pixels. Esto significa que la pantalla del ordenador ha de utilizar dicha resolución para una visualización óptima. * Una conexión analógica con un módem de 56.000 bps puede dar como máximo una descarga en pantalla entre 4 y 5 Kb por segundo. La media, actualmente en España, es de 3 Kb por segundo. Las descargas mediante una conexión RSDI son más rápidas (una media de 7 kb por segundo); también su contratación es más cara. Otro tipo de conexión es el ADSL; la entrada de datos puede variar entre 256 Kb y 2048 Kb por segundo, la salida, en cambio, varía de 128 Kb a 300 Kb por segundo; sin embargo las velocidades dependen del ancho de banda disponible como ocurre con las otras conexiones. * La rapidez de acceso a páginas web también estará determinada por la velocidad del procesador del ordenador y la cantidad de memoria RAM asignada al navegador. 3. ¿Qué deseo buscar en Internet?: * Tener claro de antemano lo que deseo localizar. Navegar por páginas sin tener un objetivo fijo es una pérdida de tiempo en la que invertir horas sin sentido. * Utilizar la función de Favoritos. Se trata de ir archivando aquellas páginas de interés que, posteriormente, se volverán a utilizar, como puede ser periódicos, bibliotecas, agencias de información, etc. 4. Existen guías publicadas con índices temáticos de direcciones web que ayudarán a buscar con más exactitud aquello que se desea localizar. 5. Son decenas de millones las páginas web publicadas en Internet. La navegación por páginas personales, que en la mayoría de los casos desaparecen con prontitud de la Red o su actualización es muy limitada, puede suponer una gran pérdida de tiempo. Desconfiar de todas aquellas páginas que no indican claramente a que grupos, instituciones o asociaciones pertenecen. 6. Nunca descargar archivos sin tener muy clara la procedencia del fichero, así como el tamaño (algunos no lo indican y puede contener megas de información, comportando horas de descarga). Buscar garantías mínimas acerca de infección de virus. 7. Emplear correctamente los buscadores. Siempre que se pueda, realizar búsquedas avanzada para delimitar las posibles coincidencias de la búsqueda. 8. Cuando busquemos información sobre un tema de forma general, siempre debemos empezar a buscar por buscadores (o portales de búsquedas) importantes: Yahoo; Altavista; Terra (antiguo Olé), Lycos, etc. La búsqueda más adecuada es el nivel horizontal, es decir, todos los buscadores tienen una jerarquía de información que se ramifica más concretamente a medida que se toman opciones de búsqueda (Ej.: Yahoo/Arte y Cultura/Literatura/Autores/Autores de Cuentos/De Saint Exúpery, Antoine/El Principito). 9. Emplear las direcciones de correo electrónico que nos brindan las páginas web para solicitarles información que no podamos localizar en dichas páginas. 10. Uno de los empleos más millonarios de Internet es el de los chats. Se organizan conversaciones a distintos niveles, y se proponen grupos temáticos donde intervienen los usuarios. Hay un moderador que decide el número de participantes y tiene el derecho de admisión. Se ha de tener claro en qué grupo de discusión uno desea intervenir. Tener en cuenta que la mayoría de los participantes utilizan el anonimato y emplean personalidades imaginarias. Departamento de Internet |