RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioIglesia en MadridContinuar
Jóvenes comunicadores cristianos
Crónica blanca
María, Iván, Chema, Inés, Ricardo… y otros cuarenta estudiantes y profesionales de Ciencias de la Comunicación, en Madrid, se vienen reuniendo, desde hace ya cinco meses, en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social. Forman el grupo de jóvenes comunicadores Crónica blanca, y todos ellos quieren hacer una experiencia de comunidad, escuela y taller de comunicación cristiana, que les ayude a converger su vocación fundamental de cristianos con su vocación profesional al periodismo, la publicidad, las relaciones públicas, y todas las actividades relacionadas con la comunicación social.

Como comunidad quieren vivir los lazos de unidad y de fraternidad de sus miembros, su ayuda mutua, en lo personal y en lo profesional. Como escuela quieren aprender, a partir del magisterio de la Iglesia sobre comunicaciones sociales, y de las reflexiones y los testimonios de periodistas y publicistas cristianos, a ser buenos comunicadores. Periodistas, empresarios de la comunicación, o teólogos, ya les han alentado, desde la experiencia hecha reflexión, a ser buscadores incansables y defensores a toda costa de la verdad, y a ver, juzgar y comunicar las noticias o los mensajes publicitarios tratando de tener la mirada del Maestro. Y como taller quieren colaborar tanto en las iniciativas de evangelización de la comunicación, como en las de servicio a la comunicación de la vida eclesial.

Estos jóvenes comunicadores tratan de vivir en primera persona la llamada del Papa en su Mensaje para la próxima Jornada de las Comunicaciones Sociales, a ser intrépidos y creativos para desarrollar nuevos medios y métodos en la proclamación, y piensan que tienen derecho a ser protagonistas de una era de las comunicaciones en la que la fe, la esperanza y la caridad encuentren expresión y cauce en un periodismo capaz de ofrecer la crónica blanca que hay en toda información humana, la crónica de una historia de salvación.

Alfa y Omega