|
|
La verdad sobre Dios y sobre el
hombre
Juan Pablo II ha querido este año del Jubileo escribir, de su puño y letra, las meditaciones del Via
Crucis, que presidió la noche del Viernes Santo en el Coliseo. Es la segunda vez que lo hace en
su pontificado. La anterior fue con motivo del Año Santo de la Redención. Ofrecemos un retazo
de sus palabras:
|
* El Via Crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. En su pasión y su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.
Tomar parte en la Cruz de Cristo quiere decir reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz, cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada vez más por este amor, caminar... El drama de Poncio Pilato se oculta tras la pregunta:"¿Qué es la verdad?" No era una cuestión filosófica sobre la propia relación con la verdad. Era un intento de escapar a la voz de la conciencia, que ordenaba reconocer la verdad y seguirla. El hombre que no se deja guiar por la verdad llega a ser capaz incluso de emitir una sentencia de condena de un inocente. A lo largo de los siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento y muerte. Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de los inocentes. * La verdad sobre Dios se ha revelado a través de la cruz. ¿No podía revelarse de otro modo? Tal vez sí. Sin embargo, Dios ha elegido la cruz. Llevando la Cruz, el Cirineo fue introducido en el conocimiento del Evangelio de la cruz. Desde entonces este Evangelio habla a muchos, a innumerables cirineos, llamados a lo largo de la Historia a llevar la cruz junto a Jesús. * Desde hace dos mil años, el Evangelio de la cruz habla al hombre. Desde hace veinte siglos Cristo, que se levanta de la caída, encuentra al hombre que cae. A lo largo de estos dos milenios, muchos han experimentado que la caída no significa el final del camino. Se han levantado confortados y han transmitido al mundo la palabra de la esperanza que brota de la Cruz. Es necesario que nuestra generación lleve a los siglos venideros la buena nueva de volver a levantarnos en Cristo. * Jesús no quiso calmantes, que le habrían nublado la conciencia durante la agonía. Quería agonizar en la cruz conscientemente, cumpliendo la misión recibida del Padre. Consciencia y libertad: son los requisitos del actuar plenamente humano. El mundo conoce tantos medios para debilitar la voluntad y ofuscar la consciencia.Es necesario defenderlas celosamente de todas las violencias. Incluso el esfuerzo legítimo para atenuar el dolor debe realizarse siempre respetando la dignidad humana. * El sepulcro vacío es un signo de la victoria definitiva, de la verdad sobre la mentira, del bien sobre el mal, de la misericordia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. El sepulcro vacío es signo de la esperanza que "no defrauda". El dolor y la ignominia de Cristo carecen de todo sentido, son absolutamente absurdos sin la Resurrección. * El hombre contemporáneo tiene necesidad de encontrar a Jesús crucificado y resucitado. ¿Quién, si no es el Divino Condenado, puede comprender plenamente la pena de quien sufre condenas injustas? ¿Quién, si no es el Rey ultrajado y humillado, puede satisfacer las expectativas de tantos hombres y mujeres sin esperanza y sin dignidad? ¿Quién, si no es el Hijo de Dios crucificado, puede entender el dolor de la soledad de tantas vidas truncadas y sin futuro? El poeta francés Paul Claudel escribía que el Hijo de Dios "nos ha enseñado la vía de salida del dolor y la posibilidad de su transformación" |