RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioRaícesContinuar
La verdad del Románico
Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Con estas palabras del evangelio de San Juan se explica en buena medida la intencionalidad de las imágenes románicas.

El románico está cargado de significado, de verdad, de misterio, de Historia, de antigüedad con olor a sabiduría anciana. Se presenta como un camino de progresión espiritual, de conocimiento verdadero, de profundización teológica.

Este arte se erige, en la segunda mitad del siglo XI, como el primer arte sagrado de Occidente. Por fín, la Iglesia latina manifiesta ser creadora de unas formas propias con las cuales expresarse, después de mil años de pruebas y búsquedas. Así lo expresó un monje coetáneo de aquellos acontecimientos, en 1048: El mundo sacudió su vetustez para ceñirse con frescura un manto de santuarios blancos. Comenzaba una nueva forma de expresión, una nueva manera de mirar la fe, de verla reflejada en las piedras sagradas de las iglesias.

Se trata de ver los textos bíblicos de una forma directa. Nada se interpone entre la Palabra y Dios. Con la modernidad, el hombre fue perdiendo el qué, obsesionado con su cómo. Al contrario sucede en el románico: el Qué dirige la actividad creadora.

Una gran parte de la temática del arte románico a lo largo de sus dos siglos de existencia se centra en los dos momentos cumbre de la vida de Jesucristo: su Nacimiento y su Muerte en la cruz. Es curioso cómo casi no se ha prestado atención a las parábolas, o los milagros de Cristo, por ejemplo. Tanto el Pantocrátor, Señor de todo lo creado, Dios divino hecho carne, como el Cristo en Majestad, donde Jesús aparece vestido con su túnica y los brazos abiertos en cruz, son las dos manifestaciones de la función hermenéutica y la profundización de los textos evangélicos que llevaron a cabo los artistas románicos.

El arte románico no responde al cliché de la época medieval oscurantista. Todo lo contrario, los siglos XI y XII fueron tiempos bien luminosos en los que el hombre estuvo tan cerca de la Divinidad justamente gracias a su premura, a su enorme interés en conocer a fondo la realidad de Dios y de sus criaturas.

Esta doble página está tomada de la obra,
con espléndidas ilustraciones,
Evangelio Románico (Ed. Mensajero)

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