RetrocesoA&ONº 237/7-XII-2000SumarioCriteriosContinuar
Las falsas Navidades
Este segundo Adviento del Jubileo habrá que vivirlo con particular intensidad precisamente porque preparamos la Navidad de 2000. Y la preparamos con una doble mirada: el Jubileo siempre nos hace recordar los orígenes de nuestra fe, y a la vez nos estimula a seguir adelante sin cansancio, la mirada puesta en el futuro. Es lo típico de nuestra fe. Hace dos mil años, en efecto, nació este río gozoso de la salvación de Cristo, pues nació el Salvador. Pero mirando hacia adelante, caminamos con Él hacia el mar en que desembocará ese río: el Reino definitivo de la vida. Es decir, el que ya vino, y sigue viniendo continuamente, vendrá glorioso y salvador definitivo al final de los tiempos. Toda una enorme esperanza. Una vez más vamos a anunciar, celebrar y vivir que en nuestra vida humana se hace presente el Señor.

El Jubileo terminará justamente con la fiesta de la Epifanía, al inicio de 2001. Estas breves palabras, de tiempo fuerte, han de ser vividas como el espíritu final del Jubileo, en el que la gracia de Dios se nos quiere comunicar con eficacia renovada. El Jubileo de la Encarnación es el Jubileo de la cercanía, del amor descendente y condescendente de Dios hacia nosotros. Adviento, Navidad y Epifanía tienen un movimiento único y dinámico: la Espera, la Venida y la Manifestación de Cristo, que es Dios con nosotros. Para nosotros y para la Humanidad.

Una cosa es segura: todos necesitamos ser salvados. Cristo Jesús vino, viene y vendrá como el Salvador verdadero. Él es la respuesta definitiva de Dios al mundo, aunque éste no lo reconozca. Hace dos mil años que ha venido y todavía no le hemos dejado entrar del todo en nuestra historia. Podemos, por tanto, seguir leyendo con autenticidad a los profetas que le anunciaban, porque Él sí que ha venido. El camino hacia la novedad de vida que Cristo nos transmite es largo. ¿Cómo prepararemos esta Navidad? Una buena pregunta que necesita ser contestada con el rigor que se merece, para que las falsas navidades no nos ahoguen.

+ Braulio Rodríguez Plaza