RetrocesoA&ONº 237/7-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Nos vencen muchas veces
en bondad y en alegría
Nada menos que doscientas sesenta familias, con miembros en su seno padeciendo algún tipo de deficiencia mental, acaban de celebrar en Olivenza, llegadas de toda la región, las quintas Jornadas, promovidas por la Asociación FEAPS—Extremadura. Su propósito, como de costumbre, no era tanto recibir adoctrinamiento sobre el modo de tratar a los hijos o hermanos con retraso mental, cuanto intercambiar las dudas, preguntas y experiencias acumuladas por cada uno, con objeto de enriquecerse y animarse entre sí.

Quedó venturosamente atrás, con más pena que gloria, la atávica costumbre de ocultar a estos niños y niñas, atrasados en su proceso psíquico y mental, asumiendo la cruz silenciosa de mantenerlos a domicilio, sin horizonte vital de ninguna clase, ni para ellos ni para su familia. Por supuesto que se les llevaba a un centro de diagnóstico y se les administraban fármacos, pero cuando el caso era irreversible, se asumía sin más, siempre con inmenso cariño, en el seno familiar. La ocultación era un tanto relativa, porque otros familiares y amigos acudían cariñosos a la casa del discapacitado, para acompañarlo con ternura.

Pero, ¡afortunadamente!, las cosas cambiaron para bien, hasta el punto de que hoy, por lo general, se contempla con normalidad la antes llamada subnormalidad, y se arbitran caminos de tratamiento, conjuntando esfuerzos de la familia, de las instituciones especializadas, públicas o privadas, con un nuevo talante, respetuoso, acogedor y cariñoso por parte de la sociedad. La filosofía —y la espiritualidad— ahora vigentes tienden a integrar al máximo a las y los discapacitados, en la familia, en el Centro especializado, en la escuela, en el ambiente de trabajo, la acogida en la parroquia y la presencia natural en todas partes.

Cierto que hay casos y casos, y no valen las recetas facilonas para integraciones imposibles. Pero, en todo caso, se trata de hacer a estos hermanos cada vez más nuestros y de poner en juego toda clase de sinergias para que su desarrollo humano, cultural, profesional y religioso puedan llegar hasta el máximo. Poco mérito tenemos, porque éstos que llamamos deficientes nos vencen muchas veces, por goleada, en bondad y en alegría.

Antonio Montero