RetrocesoA&ONº 237/7-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
Documento del Consejo Pontificio para la Familia
sobre las uniones de hecho
No hay matrimonios
de primera y de segunda
La equiparación al matrimonio de las uniones de hecho (homosexuales o no) es una contradicción.
Ante esta constatación, la Santa Sede ha reaccionado publicando un documento dedicado
específicamente a este tema. El texto aparece después de que varios Parlamentos hayan
 introducido el registro civil de estas parejas no casadas (Alemania ha sido el último en tomar
la decisión; otros Estados europeos y el de Vermont, en Estados Unidos fueron noticia
en el pasado por este motivo). Asimismo Gobiernos de varios países
se encuentran en plena discusión de la propuesta
J. C. Roma

El documento, que en español tiene 77 páginas, fue publicado por el Consejo Pontificio para la Familia, que preside el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo. El texto busca, explica el cardenal en la Introducción, proteger un bien esencial de esa estructura prioritaria y fundamental de la sociedad, la familia, fundada sobre el matrimonio, atacada frontalmente por proyectos arraigados en una antropología equivocada y en una visión jurídica que no es coherente con la verdad sobre el hombre y sobre la mujer.

Su objetivo es poner de manifiesto la gran contradicción: las parejas de hecho rechazan el matrimonio, pero con esta medida se les imponen derechos y deberes propios del matrimonio; una contradicción tan evidente que sólo parece justificada, como deja entrever el texto, por el interés de otorgar la misma validez a formas de convivencia entre personas del mismo sexo, con la posibilidad, incluso, de que se les permita adoptar niños.

Ahora bien, una decisión tan importante no puede dejar de tener consecuencias: por querer resolver un problema, se crea otro mucho más grave, la relativización del matrimonio.

Ante todo, a nivel jurídico. Por ofrecer prerrogativas a las parejas de hecho propias de la institución matrimonial, con la institución de una especie de matrimonio de segunda división, se acaban equiparando todas las uniones y retrocediendo de división al matrimonio de primera, por llamarlo de algún modo.

Ahora bien, este vaciamiento jurídico es consecuencia de la pérdida del sentido mismo del matrimonio. Estas medidas, explica el texto en resumidas cuentas, crean dos categorías de amor: la que se entrega totalmente, en el matrimonio, y la que se entrega, pero con ciertas condiciones o límites, en las uniones de hecho, comparadas en la práctica con la primera. De este modo, queriendo o sin querer, se contradice el sentido mismo del amor. Por eso insiste tanto la nota vaticana en denunciar que nos encontramos ante una antropología equivocada.

Dado que todas las declaraciones internacionales de las Naciones Unidas reconocen la familia como célula básica de la sociedad, el Consejo Pontificio para la Familia concluye, con lógica matemática, que necesariamente la relativización del valor del matrimonio traerá consecuencias a todos los niveles: serán, eso sí, imprevisibles en su detalle, pero indudablemente llegarán. Por eso añade: Una permisividad moral de ese tipo no puede por menos que acarrear daños a las exigencias auténticas de la paz y de la comunión entre los hombres. Urge, pues, descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, valores, por lo tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado pueden crear nunca, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover.

El documento, si bien va dirigido a los obispos y cristianos, en su Introducción confiesa sin ambages su objetivo último: los políticos y legisladores, de quienes depende en buena parte el futuro jurídico de la familia. Dirigiéndose especialmente a ellos, dice: ¡Ninguna sociedad humana puede correr el riesgo de la permisividad en cuestiones de fondo concernientes a la esencia del matrimonio y de la familia!