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Tenemos que agradecer a san Lucas su interés por la Historia. Quizá alguien se pregunte si el hecho de que Juan el Bautista comenzase a predicar en el desierto merecía la minuciosa introducción histórica que le dedica el tercer evangelista. ¿Por qué ese afán de constatar un hecho que sucedía con cierta frecuencia en Israel: la predicación de un profeta?
Un detalle merece ser destacado: san Lucas no dice sin más que el Bautista comenzara su predicación. Afirma algo que se escapa al historiador normal y al observador más agudo y avispado: que la Palabra de Dios vino sobre Juan. La importancia de esta afirmación salta a la vista. El Bautista no predica de su cosecha, ni saca de su haber lo que enseña; su palabra viene de Dios, la ha recibido de lo alto. Y este hecho merece ser consignado con todo detalle, como si se tratara de las crónicas de un Reino que comienza a establecerse en la tierra. El interés de san Lucas por la Historia no le viene solamente de su afán por consignar los hechos y dichos de Jesús para que nada se pierda y se olvide en el futuro, sino en primer lugar de su convicción de que esa historia que escribe no es una historia cualquiera, por digna que sea, sino la historia de la acción de Dios, predicha ya por el profeta Isaías. San Lucas es consciente de que está escribiendo la crónica del Reino de Dios, instaurado por Cristo, que tiene en el Bautista su primer pregonero. Además de historiador, san Lucas es un creyente. Su visión abarca toda la Historia: por ello, en lo que hace el Bautista ve el cumplimiento del plan de Dios anunciado por Isaías en el siglo VIII antes de Cristo. La voz que Isaías escuchó es la de Juan que grita la conversión para preparar el camino de Cristo. El Bautista le presta su voz a Dios que trae la salvación a los hombres. De ahí que la historia que cuenta san Lucas se llame con toda propiedad historia de salvación. ***** Hay que agradecer a san Lucas su interés por la Historia. La mayor tentación que acecha al cristianismo es la de convertirlo en ideología, en mera doctrina, en pura gnosis. Dios no ha querido permanecer en el mundo de las ideas; ha entrado en la Historia, por medio de los profetas, y, en la plenitud de los tiempos, por medio de su Hijo. El cristianismo se funda en la intervención directa de Dios en la historia de los hombres, de forma que éstos puedan ver la salvación, es decir, participar de ella. Esto es lo que sucedió, según la crónica de Lucas, en el año quince del reinado del emperador Tiberio... + César Franco |