RetrocesoA&ONº 237/7-XII-2000SumarioEn portadaContinuar
Algo así como un pudorómetro
Responda SI o NO a las siguientes preguntas:

- ¿Le gusta que le respeten, que le traten como persona y no como cosa?

- ¿Procura, por su parte, tratar a los demás como personas dignas de respeto?

- ¿Sabe distinguir entre esferas públicas y privadas?

- ¿Le molesta que se inmiscuyan sin permiso en sus asuntos, o que los demás le fuercen a participar en algo privado de la vida o la persona del otro?

- ¿Tiene amigos íntimos con los que comparte cosas que no ventila ante los simples conocidos?

- Si está casado, ¿cree que son privados sus momentos de intimidad?

- ¿Siente algo parecido a la vergüenza ajena ante el exhibicionismo, en lugares públicos, de funciones corporales, de conflictos familiares, de sentimientos descontrolados, de miserias humanas?

- ¿Considera que el de enfrente merece un espacio de libertad en sus sentimientos, pensamientos, creencias, en su cuerpo y en su mente?

- ¿Piensa que en su propia persona —física, psíquica y espiritual— hay zonas que no son de tránsito público?

- En caso de que sea creyente, ¿es consciente de ser imagen de Dios y templo del Espíritu?

- ¿Cree que nadie debe ser invadido en lo que es más suyo, ni nadie tiene derecho a imponer a los demás la contemplación o escucha de sus intimidades?

- ¿Ha dicho alguna vez que los trapos sucios se lavan en casa, o algo parecido?

- ¿Ve con ojos limpios, serenidad y equilibrio, el cuerpo humano, los afectos, las relaciones humanas que se muestran con limpieza, serenidad y equilibrio?

- ¿Le parece adecuado que haya formas sociales, de educación, que nos permitan proteger nuestra libertad e intimidad, y la libertad e intimidad de los otros frente a nuestras posibles intromisiones?

Si ha respondido afirmativamente a todas o casi todas las preguntas, sencillamente, tiene usted un sano sentido del pudor, le dé ese nombre u otro.