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Me dan miedo dijo, entre otras cosas, el cardenal Castrillón algunas figuras sacerdotales que se dedican a estudiar el sacerdocio más que a ser sacerdotes. En un sacerdote no puede haber oración sin predicación, ni viceversa. Si el sacerdote cree conocer las angustias y esperanzas de los hombres sólo a través de la prensa y la televisión, no cumplirá su misión más honda. Así lo entendió san Juan de Ávila. ¿Cómo no iba a ser atípica y eficaz la evangelización española de América, si partía de un crisol de fe como el del Siglo de Oro español, con santos como Juan de Dios, Juan de la Cruz, Ignacio de Loyola, Pedro de Alcántara, Francisco Javier, Fray Luis de Granada, a todos los que, curiosamente, asesoraba Juan de Ávila? El oro del Siglo de Oro español, sin Juan de Ávila, hubiera tenido menos quilates.
Grandes personajes de la Iglesia añadió también el Prefecto de la Congregación para el Clero saben mucha teología y muy poco catecismo. No hay peor idólatra que el teólogo que cree que lo sabe todo de Dios; eso significa que se ha fabricado un Dios muy pequeño. El sacerdote es, o debe ser, un comunicador nato; hoy en Internet, donde hay gente navegando a la búsqueda de cosas, y de nosotros depende que en esa navegación encuentren a Dios. En rueda de prensa, el cardenal señaló que, gracias a Dios, parece superada globalmente la crisis sacerdotal en el mundo; en Europa todavía perdura, aunque en algunos países, como España, se advierte una incipiente pero clara y esperanzadora recuperación. Los más de 20.000 misioneros españoles hablan claro de la vitalidad eclesial española. |
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A una pregunta sobre las recurrentes noticias sobre sacerdotes homosexuales, respondió: El sacerdote está tomado de entre los hombres; y los sacerdotes nos duele, pero no nos avergüenza, aunque llamados a mayor perfección, no son extraterrestres ni extraterrenos; en una antropología como la actual, exacerbada por el pansexualismo, ninguna profesión está libre de desviaciones morales; estoy seguro de que, comparativamente, el número, entre los sacerdotes, es sensiblemente inferior al de las otras profesiones.
Respecto a la legalización de la eutanasia activa en Holanda, señaló: La Iglesia, con relación a la vida, no opina, enseña; y enseña que Dios es el Dueño de la vida. La rebeldía ante la ley divina no es algo nuevo y sólo de hoy. Ciertamente no perfecciona al hombre querer quitarle el señorío de la vida a Dios. La Iglesia, experta en humanidad, y además compañera concreta, no teórica, del hombre que sufre, cercana a él, enseña que el valor de la vida es independiente de su utilidad. Si los legisladores de Holanda tuvieran, aparte de buenas intenciones, un conocimiento más profundo y real del ser humano, quizás legislarían de otro modo. Nosotros tenemos una certeza que supera el dolor del tiempo y del sepulcro; desde ella, la vida, desde el primer momento de la concepción hasta el último aliento, se ve de otra manera. Llama la atención que se condene, justamente, la pena de muerte, y a la vez se quiera arrogarse el derecho, inaceptable e inexistente, de quitar la vida a alguien o inducirle a que se la quite, y de creer que eso es un valor de progreso. Cualquier atentado a la vida es un atentado al progreso. Respecto a una hipotética dimisión del Papa, a la que el cardenal Daneels habría aludido, dijo: El Papa no necesita defensores: que alguien me muestre hoy en el mundo a un líder con la claridad, entrega, compromiso, y lucidez mental y vigor físico que tiene el Papa. Si caminar lentamente fuese un problema para la Iglesia... Pero no lo es. El ritmo físico de sus pasos no coincide con el impresionante ritmo de su correr espiritual. No veo, pues, motivo ninguno para que nadie, razonablemente, hable de renuncia del Papa. Quizás otras personas incapaces deberían pensar si no son ellos quienes debieran dimitir. A una pregunta sobre un hipotético lobby hispanoamericano en la Curia romana, replicó que es una pregunta tan intrascendente que no vale la pena responder. El cardenal Castrillón llegó a Madrid procedente de Chile, donde ha representado al Santo Padre en el Congreso Eucarístico Nacional, y, sobre la petición de perdón de la Iglesia chilena, señaló: Me ha tocado conocer a muchos que se dan golpes de pecho en el pecho de otros. La Iglesia chilena se lo ha dado en su propio pecho, de manera ejemplar, y ha pedido perdón por el error de su silencio que, en alguna ocasión, acaso fue más allá de lo conveniente, e incluso pudo entrar en el campo de la culpa. He encontrado en Chile a una Iglesia madre: Las madres, cuando van a visitar a su hijo a la cárcel, no dicen que es inocente, simplemente lo abrazan y lo besan. Eso es lo que ha hecho la Iglesia en Chile, pidiendo perdón incluso en nombre de quienes no han tenido la humildad de pedirlo. Alfa y Omega |