RetrocesoA&ONº 237/7-XII-2000SumarioMundoContinuar
Don Héctor Fabio Henao, Director de Cáritas-Colombia
habla para Alfa yOmega
Alto el fuego... y reconciliación
Don Héctor Fabio Henao, director de Cáritas-Colombia, durante su visita a España, ha llamado la atención sobre la crítica situación de violencia que vive Colombia, cuya Conferencia Episcopal ha dicho que se deben hacer todos los esfuerzos posibles para que las conversaciones entre la guerrilla y el Gobierno se reanuden cuanto antes
Rosa Puga Davila

Cómo se debe entender la construcción de la paz? ¿Cree que existe unidad en torno a la idea de paz?

Lo de la construcción de la paz es interesante porque es un tema, sobre todo, de orden ciudadano. Las negociaciones nos podrán garantizar un cese del fuego en un determinado momento, pero luego queda la importante tarea de reconciliar a los ciudadanos dentro de una sociedad polarizada, en la que ha habido mucha desconfianza de unos sectores frente a otros, y en la cual hay mucho miedo, recelos y venganzas. Tratar de reconstruir un país en esas condiciones requiere la construcción ciudadana de la paz como un trabajo de rehacer el país y de reconstruir las estructuras de la nación en términos de convivencia y de confianza entre los ciudadanos. Esta tarea tendrá que ir de la mano del proceso de negociación. Sin embargo, no se identifica con el proceso de construcción de la paz necesariamente, ya que este es un proceso mucho más amplio. Antes tendremos que llegar a un consenso sobre qué paz queremos. Para mucha gente la paz significa que no haya más secuestros, que no haya más ataques a la población, que se respete a los civiles, que de alguna manera callen las armas. Otros piensan que la paz puede significar el reconocimiento político de quienes hoy están en la guerra y su integración en la vida política de la nación. Y hay quienes piensan que la paz hace referencia a unas transformaciones estructurales de fondo.

Para la erradicación de los cultivos ilícitos se ha optado por la fumigación, con la que ustedes no están de acuerdo por lo negativo que esto es para el medio ambiente y la vida humana; ¿qué alternativas proponen?

El tipo de fumigaciones que se ha hecho hasta ahora ha sido deficiente, ya que a medida que se ha fumigado los cultivos ilícitos, éstos han aumentado. Ha de buscarse una manera que sea la más acorde con el medio ambiente, con la vida humana. Debemos buscar un camino en el cual las comunidades puedan participar muy activamente en la búsqueda de soluciones. La fumigación es una vía muy costosa que podría ser sustituida por la erradicación manual, con planes que les permitan a los campesinos vivir dignamente con unos cultivos diferentes. Los campesinos necesitan cambiar de actividad, necesitan seguir viviendo y para ello requieren de otro tipo de cultivos. A veces existe la idea de que los cultivos ilícitos dejan un margen de ganancia muy amplio al campesinado, pero eso no es cierto. El campesino no se enriquece y sufre con las consecuencias de la violencia que hay alrededor de los cultivos de coca y amapola. El país tiene que elaborar una política agraria de cara al campesinado que permita la comercialización de productos.

El mundo piensa que el campesino que está dedicado a los cultivos de coca es un campesino que lo hace voluntariamente, a sabiendas del mal que está haciendo, que gana muchísimo dinero con eso; pero, en realidad, no es siempre algo voluntario; hay circunstancias en las que se siente presionado, y no tiene más alternativas; ha dejado otras regiones para irse a cultivar eso porque no tenía otras alternativas; es un campesino pobre, tiene la capacidad de aportar, pero hay que brindarle las posibilidades. La solución tiene que estar muy pensada por quienes están muy metidos en los cultivos, muy pensada por quienes hoy están ahí, en esa zona, viviendo esa situación, y con la garantía de unas estructuras garantizadas por el Estado.

En sus escritos aparecen a menudo las palabras: comprensión, confianza, transparencia, respeto..., solución a muchas situaciones que vivimos. ¿Cuál cree que es el origen de la incomprensión, de la desconfianza, de la opacidad, de la falta de respeto... en una sociedad como la colombiana?

Hablamos de un conflicto armado ininterrumpido que, con todas sus fases, debe tener 50 años, con momentos muy diferenciados. El problema es que, en muchos casos, los acercamientos y promesas de lado y lado se han visto desmentidas por la realidad. Se han creado muchas expectativas y, de repente, se ha visto que la voluntad, la decisión... no eran tan reales. El conflicto crea como una escala que va bajando, e indica que la desconfianza en los demás es cada vez más profunda. A medida que el conflicto armado sube, por otra parte, baja el nivel de confianza. Entonces es cada vez más profunda la ruptura y ese fenómeno se reproduce, no sólo en los sectores armados, sino también en otros sectores de la vida política, en donde ha habido mucha corrupción. Ha sido un tema muy importante, y hoy hay mucha conciencia de que eso hay que superarlo; pero, si uno mira los periódicos colombianos de los últimos dos o tres años, puede comprobar que se han descubierto gran cantidad de hechos de corrupción que hacen inevitable que se piense en todos los problemas sociales existentes que se hubiesen podido resolver con ese dinero. Esto ha hecho también que los niveles de conciencia y participación sean muy bajos, que la gente no quiera saber de soluciones más grandes, porque siente que no es que haya recursos, sino que los recursos han desaparecido en manos privadas

¿Qué le gustaría contarme que yo no le haya preguntado ?

La Iglesia colombiana vive muy comprometida con el problema de la paz, desde hace muchos años hasta hoy. La Iglesia en Colombia tiene un compromiso y una presencia, en algunos casos como tutora o mediadora. Esta presencia ha estado acompañada de un proceso muy intenso de acompañamiento de los grupos más vulnerables: presencia en los sectores más pobres, junto a los desplazados, en programas de cultivos alternativos. El padre Alcides Giménez lideraba uno de los programas más importantes de cultivos alternativos, y fue asesinado. El trabajo de la Iglesia ha ido en dos líneas: por una parte, el desarrollo; y por otra, la muestra de convivencia, de ejercicios prácticos para buscar formas de producción, de tratar de que la gente pueda tomar distancia frente a los sectores del conflicto armado. En algunas zonas tenemos lo que llamamos comunidades de paz, que son comunidades, que, apoyadas por la diócesis, se declaran al margen de los beligerantes, y hacen un proyecto de paz en su región.