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Una formación académica más amplia y una experiencia más universal de la Iglesia son aspectos sumamente importantes para el sacerdote de hoy, llamado a proclamar el Evangelio en ambientes cada vez más pluriformes, cambiantes y, a la vez, íntimamente relacionados entre sí. Con vuestra preparación académica y con la experiencia de estos años pasados en Roma, podréis dar nuevo impulso a los esfuerzos de tantos paisanos y compatriotas vuestros para que, en la sociedad española, el espíritu del mundo no prevalezca sobre la Palabra de Dios. En esta tarea, les será de ayuda el ejemplo, siempre actual, de san Juan de Ávila, Patrono del clero secular español. Él resumía su programa en un simple consejo: Ore, medite, estudie. En efecto, la meditación y una intensa vida espiritual hacen posible transmitir con convicción el misterio de Cristo, que llena la existencia del sacerdote, y del que tanto necesita una generación frecuentemente aquejada de vacío vital y de ausencia de sentido. El estudio, a su vez, favorece una recta comprensión de la doctrina, y, por tanto, la capacidad de enseñarla correctamente en cada situación concreta. De la Audienciaal Colegio Pontificio |