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¿EN QUÉ QUEDAMOS?
El pasado mes de abril nos reunimos representantes de diferentes asociaciones con Dolores Flores, Concejala del Ayuntamiento de Madrid para la Mujer. Se trataba de presentarle un proyecto de ayuda a la mujer embarazada con problemas, para que no se viera obligada a abortar. En esa entrevista aseguró la señora Flores que los embarazos no deseados no eran un problema en la Comunidad de Madrid. Ahora la señora Flores es alto cargo en el Ministerio de Sanidad, el mismo que ha decidido comercializar la píldora del día después porque hay gran cantidad de embarazos de adolescentes. ¿En qué quedamos? ¿Fallaron también las ingentes campañas de preservativos dirigidas a jóvenes? Teresa García-Noblejas Santa-Olalla. LA GRAN MENTIRA RELATIVISTA Hace pocos días me quedé impresionada e indignada al conocer que una muchacha gitana rumana de 12 años había sido forzada a cohabitar con un chico de 14, a quien sus padres habían entregado en matrimonio. Ahora he sentido horror al enterarme de que Hana, otra muchacha kurda que vivía en Suecia, ha sido acribillada a balazos por su padre y rematada por su tío, quienes se sintieron en la obligación de lavar el honor familiar porque la chica no respetaba la moralidad sexual islámica. Escribo esta carta para expresar mi rechazo contra una cultura que pueda inducir a una acción tan terrible. Pero también para denunciar el profundo error del relativismo actual de nuestra cultura occidental, que está llevando a la opinión pública de Suecia al dilema entre aplicar su ley o aplicar el actual dogma occidental de que todas las creencias son igualmente respetables. Desde el punto de vista legal la cosa está clara, puesto que la chica tenía nacionalidad sueca, aunque el crimen denunciado por la hermana de Hana fue perpetrado aprovechando una vacaciones de su familia en Kurdistán. Pero si son consecuentes con los postulados relativistas, ¿con qué derecho puede Suecia condenar una tradición kurda? Si no reconocen una ley natural que está por encima de los Derechos positivos, el crimen debe quedar impune. Esta absurda perversidad me ha abierto los ojos de la gran mentira relativista. Mabel Ruiz López. |
PAPÁ, ¿CUANDO PONEMOS EL BELÉN?
Mira que te da fuerte cada año el dichoso Belén. Y voy a comprar más figuras con el dinero de mi hucha, responde el hijo sin esperar respuesta. Y así un año, y otro, y seguro que también el que viene. Nuestros hijos quieren el Belén, y más si han tenido la suerte de verlo en casa desde pequeños. Aparte del símbolo y recordatorio de lo religioso, el Belén contribuye a dar rienda suelta a su fantasía inocente. Desde hace unos cuantos días estamos bombardeados de motivos navideños. Los escaparates, la publicidad, las notas musicales de villancicos, y muchas más cosas nos acercan a Navidad. Y es bueno, ¡cómo no!, siempre que no nos dejemos arrastrar por lo que no es Navidad, sino derroche y pérdida de lo más esencial de estas fiestas. Somos tan humanos y proclives a los extremos, que con frecuencia corremos el peligro de desfigurar lo entrañable y esencial de ese día: la celebración del nacimiento del Hijo de Dios. El Belén que reclaman nuestros hijos en el hogar es lo menos que pueden exigirnos cada año. Los niños, a su manera, y muy divertida, disfrutan contemplando las figuras diminutas, moviéndolas de un sitio para otro. Hacen viviente el portal y van acortando el recorrido de los Reyes Magos. Sustituyen las bombillitas que se han fundido, o levantan las ovejas caídas espontáneamente sobre el musgo ficticio o real. Todo les da pie para hacer preguntas a los padres sobre ese acontecimiento misterioso, el cumple del Niño Jesús. Mamá, papá, mañana por la noche hay que poner el Niño en el portal junto a la Virgen y san José, y la estrella y el ángel en el tejado La fantasía y las prisas de los niños porque llegue ese día, ese momento, mezcla de fe y de historia, hacen una amalgama enternecedora capaz de caldear el corazón de la familia. Todos se prestan a convivir en estos días junto a la familia de Belén. El Belén, por simple y sencillo que sea, acorta distancias en la historia de la Humanidad, y actualiza el gran acontecimiento. Pienso que nadie pueda afirmar que el Belén, en todo caso, sea para niños. Sería un error, y no saber leer las páginas más auténticas de la historia del cristianismo. Que hablen, si no, los cuadros de nuestros pintores, las tallas, medio relieves en piedra de las iglesias y catedrales. El Belén de la historia del cristianismo, por fortuna, aparece en la esencia misma de la fe, además del eco que hacen de ella las artes inspiradas de los hombres. Si, hijo, mañana, o a más tardar el sábado, que no tengo que trabajar, ponemos el Belén. Papá, y más bonito que el año pasado. Claro que sí, por supuesto. Y con más figuras..., Y la familia al completo vive cada Navidad más ilusionada, desde el amor mutuo y desde la fe, junto al Belén de este año y de los años sucesivos. Justo Sánchez y Sánchez. LAS MINISTRAS, PILAR Y CELIA SE CONTRADICEN Dice doña Pilar del Castillo que los padres, y no el Estado, somos los titulares del derecho sobre la educación de nuestros hijos. Pero ahora viene doña Celia Villalobos y decide que, de eso, nada: que, a partir de febrero, nuestras hijas podrán abortar con la RU-486 sin que los padres nos enteremos. ¿De qué sirve que afirme la titular de Educación que una juventud sin valores humanísticos es una generación finiquitada, si luego en los centros de salud siguen la política de que menos valores y más preservativos y, si éstos fallan, más abortivos? Si esto es lo que Aznar entiende por centro-reformista, tener encendida una vela a san Miguel y otra al diablo, estamos apañados. Por un lado, porque, según han dicho varios científicos, el condón no preserva del embarazo, ni del SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Después, porque la píldora del día siguiente es un abortivo muy peligroso para la mujer. Y luego, porque la resultante de dos políticas tan contrapuestas va a ser muy negativa para el país. Aznar, único responsable de la pifia de endilgarnos a este cruz que es la titular de Sanidad, tiene que hacer algo. Porque, a este paso, más de uno nos vamos a volver locos, como las vacas. |