RetrocesoA&ONš 238/14-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
Belén, en cautiverio
El mensaje de Belén está a la vuelta de un par de semanas. Ya sentimos que la Navidad, de tan profunda significación incluso para los no creyentes, va invadiendo ese universo personal, sensible y solidario, de los sentimientos. Sabemos que el mensaje que brotó en un humilde portal ha sido el mayor requerimiento de paz en toda la historia de la Humanidad. Pero también sabemos que Belén y toda Palestina, escenario de su promulgación, están cautivas y convertidas, contradictoriamente, en un foco de discordias.

Los esfuerzos por alcanzar la paz en ese avispero tienen este año peores perspectivas que en años anteriores. El 28 de septiembre comenzó la denominada Intifada de Al Aqsa, nombre de la mezquita que se alza en el lugar donde Salomón construyó su templo. Nabucodonosor lo destruiría, pero fue reconstruido tras el cautiverio en Babilonia, y otra vez destruido por el emperador Tito.

La chispa de la intifada de este otoño la hizo saltar el líder de la oposición israelí, Ariel Sharón. Su visita a la Explanada de las Mezquitas daba alas a los fundamentalistas que aspiran a la construcción del tercer Templo. Bien sabía el furibundo halcón que tal provocación acabaría con el proceso de paz. Y así fue.

Con ello se perderían, una vez más, las esperanzas de disfrutar en Palestina de unas hermosas Navidades. Duro y triste castigo. Parece mentira que no seamos capaces de conseguir que el espacio geográfico donde nació el Salvador ofrezca a toda la Humanidad el testimonio de verdadera paz. Hay, por tanto, que seguir trabajando para que, algún día, la patria de Jesús deje de ser, como ha sido hasta ahora, un signo de contradicción.

Pero entonces como ahora, el calor cercano y familiar de la Navidad ha de transformarse en energía redentora que lleve a los más recónditos lugares el pan y la paz de Belén.

Rafael González