RetrocesoA&ONš 238/14-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
Entrevista a Horacio Valcárcel, guionista de José Luis Garci
La sinceridad, frente al cine de la mentira
¿Quién no reconoce que la serie televisiva Verano azul, o la película La guerra de papá, ambas de Antonio Mercero, son ejemplos de ternura y simpatía humanas? ¿Quién duda de la entrañable mirada sobre el hombre de las películas de Garci? Detrás de todo ello, y de mucho más, hay un hombre, un escritor, llamado Horacio Valcárcel. Hablamos con él para Alfa y Omega
Por qué piensas que los católicos y los responsables de la Iglesia siguen tan de cerca las películas vuestras?

Yo creo que porque nuestras películas son sinceras. Ello es un valor en un arte social como es el cine, que tiene gran influencia. A la Iglesia le preocupa esto porque el cine es lo que en tiempos fue el teatro, una escuela de costumbres. Hoy hay muchas películas mentirosas, que buscan el éxito por caminos extraños, sean de violencia, de proselitismo ideológico..., son películas impuras desde el punto de vista del cine. Se hacen con el fin de que sirvan para otra cosa, algo en lo que no debe caer el cine. Las películas de Garci son sinceras, y al serlo a través de unas personas como José Luis o como yo, que hemos nacido y nos hemos criado en una sociedad cristiana y de influencia católica, evidentemente ese caldo de cultivo y ese espíritu tienen que reflejarse en las películas. De alguna manera hemos tenido que asumir esos valores; consciente o inconscientemente son los nuestros. Quien diga que no debe algo —por oposición o aceptación— a la cultura cristiana está engañado. Si todo esto está en nuestra raíz, y si una persona es sincera al expresarse, tiene que salir en la obra de arte.

Por ejemplo, cuando quiero leer algo interesante desde el punto de vista humano —y literario, porque esto es lo que me lleva a lo otro—, siempre tengo a mano los libros de santa Teresa, las Confesiones de san Agustín, y a san Juan de la Cruz. Son tres maravillas. Por cualquier sitio que abras un libro de ellos es como si fueras paseando y entraras en un prado, en el que todo está bien hecho. Frente a ello, a cualquier obra literaria que me llega, aunque esté bien, le falta ese algo que tienen aquéllas y que indica que detrás suyo hay otra cosa, el sentido religioso en la acepción más profunda de la palabra.

El tratamiento que hacéis de la Iglesia en vuestros films es variopinto, casi contradictorio (Canción de cuna, La herida Luminosa, frente a You´re the one). ¿A qué se debe?

El cura de El Abuelo no es nuestro: es de Galdós, un hombre tildado de anticlerical, pero que tenía un fuerte espíritu religioso, pese a lo que digan. La Iglesia es un barco enorme. Hay santos y hay herejes. Sacerdotes puros e impuros. El valor de la Iglesia no está en cada una de las personas que hay ahí. Está en que está transmitiendo y es el depósito del testimonio de una Persona. Y la Iglesia comunica eso. Y es así desde los apóstoles, mensajeros de la Buena Nueva. Lo que sean ellos personalmente me importa poco. Si un cura es lo que sea, pero llega el domingo y lee y explica el Evangelio, la gente lo que tiene que estar atenta es a eso, y no a su vida privada. El sacedote de You´re the one tiene sus problemas y está tratado como uno más del pueblo. Desde luego, no hay ningún ánimo antirreligioso ni anticlerical.

¿Qué historias son las que más te gusta contar y por qué?

Las historias que yo quería contar las escribí antaño y no se pudieron hacer. Se trata de historias de carácter trágico, en un sentido clásico. En ese aspecto soy un hombre extremista. Me gusta la tragedia y la comedia. Pero lo trágico no tiene mucha salida en el cine y la comedia es muy difícil. Así que me he tenido que mantener en el terreno del melodrama. Al final me resulta divertido todo; lo que me gusta es el trabajo de la imaginación

En tus guiones aparecen muchos tipos de personas, pero transmiten un único modelo o ideal de hombre. ¿Cómo esa antropología desde la que tú partes?

La visión propia del mundo tiene que estar de alguna manera en esa forma de expresión que es el guión. Pero no lo hago conscientemente. A nosotros lo que nos ha interesado siempre han sido los personajes. Y los personajes deben ser independientes del autor. Si no, no sirven para nada. Deben tener vida propia. Pero claro, Mercero, José Luis y yo, que somos amigos desde hace muchísimos años, coincidimos en el tipo de cine que nos gusta, tenemos una base humanística común. Somos afines y nunca hemos hecho películas para atacar algo. Hemos hecho las que nos gustaría ver a nosotros. Los tres también compartimos un hábito de lectura. Y luego cada uno elige en su formación aquellas vías en las que más se reconoce. Aunque tanto José Luis como Mercero tienen sentimientos limpios, cada uno es sensible a unos matices distintos, y yo, al escribir para uno o para el otro, procuro atenderlos en ese sentido.

Díme alguna película extranjera o española significativa para ti.

Milagro en Milán y todas las películas de Zavattini. Este hombre me parece importante, en cuanto escritor y hombre de cine. Campanadas a medianoche, de Welles; varias películas de Chaplin y de Tati, especialmente Las vacaciones de M. Hulot. Españolas, son memorables El verdugo, de Berlanga y El sol del membrillo, de Erice

Un sector de una supuesta intelectualidad rechaza a Garci. ¿Por qué, a tu juicio?

Es el problema de la condición humana. Uno mira de reojo al de al lado, como si estuviera en una carrera. En esa carrera nunca hemos entrado nosotros. Jamás hemos sido tendenciosos en nuestras películas. Pero la independencia también molesta. José Luis nunca ha tenido una ideología política excluyente. Le ha importado poco de qué fueran las personas. En toda profesión hay pequeñas banderías. Y también hay algo de envidias pero esto es una equivocación. José Luis siempre ha querido ayudar al cine español y ha sido muy generoso en ello. Él tiene un espíritu muy abierto y está muy por encima de esas cosas. Y no te digo Mercero. Siempre encuentran algo de valor en cualquier película.

Juan Orellana