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A. Llamas PalaciosAún hoy es rara la familia española que no tenga un miembro viviendo y trabajando en el extranjero. En la memoria de muchos ciudadanos perviven historias que se desarrollan en Cuba, Francia, Alemania, Suiza, Argentina , contadas por parientes que alguna vez fueron a probar suerte, a hacer las Américas. Se fueron con el alma en un puño, el destino por escribir, y el hatillo lleno de valentía y de necesidad. Porque hay que ser valiente y tener necesidad para dejar a una familia, un idioma y una cultura para sumergirse en otro país que, en principio, suele mirar al inmigrante con hostilidad. Los países ricos gustan de disfrutar sus riquezas para sí. Según un reciente estudio publicado por la revista Crítica, 6 millones de españoles dejaron su país en el siglo XX para trabajar en el extranjero; una cifra que, en el año 1996, significaba el 15% de la población. Este dato bastaría para darse cuenta de que España, hasta hace bien poco, era un país de emigrantes. Arrancar a un hijo de su tierra-madre es doloroso, y ese dolor lo conoce bien este pueblo. Todavía hoy hay más españoles trabajando en el extranjero, que extranjeros viviendo en España. |
| ¿POR QUÉ LAS MIGRACIONES?
Las migraciones internacionales suelen producirse cuando se dan unos factores determinados, explica Vicente Gozálvez en su estudio Inmigración: causas y perspectivas. Por un lado, hay un excedente de población en los países de partida; además existe un atractivo económico en los destinos, envejecimiento de su población y consiguiente falta de mano de obra; finalmente, los vínculos con el trabajo, los familiares y los socioculturales juegan un papel muy importante. La miseria, la guerra, las situaciones políticas inestables o la falta de oportunidades en los países de origen son caldo de cultivo para emigrantes. Huyen buscando algo que sus hermanos del norte tienen: estabilidad, trabajo, seguridad, paz. Es difícil darse cuenta del crecimiento de la emigración en España viviendo en una pequeña ciudad de provincias, aunque ellas también sean testigos de este fenómeno, pero siempre a menor escala. Son las ciudades como Madrid o Barcelona las que asisten, atónitas, a una avalancha de inmigrantes sin precedente. De hecho, más de la mitad de todos los inmigrantes que llegan a nuestro país se concentran en estas dos ciudades. En concreto, Madrid ha visto cómo, en el último año y medio, la población extranjera empadronada ha crecido un 88%, exactamente un 5´6 % de la población madrileña. Se trata, según los estudios que maneja el Ayuntamiento de Madrid, de una inmigración de carácter económico, con tendencia a la concentración espacial y relacional, y joven, pues el 63% tiene entre 20 y 40 años. Dentro de una tarta en la que se distribuyese proporcionalmente la procedencia de los extranjeros con permiso de residencia en vigor a 31 de diciembre de 1998, el pedazo mayor se lo llevaría Europa (48%), seguida de África (24,9%) y después de América (20,5%). Es importante señalar la llegada masiva, en los últimos meses, de inmigrantes sudamericanos, en especial Ecuador, cuyo número se ha despegado de los porcentajes con una diferencia, respecto del resto, muy significativa. Además de Madrid y Barcelona, los inmigrantes eligen, en menor medida, otros destinos para vivir y trabajar. Las diez Comunidades Autónomas que concentran un mayor número de extranjeros, en relación con su población total, y mayor número de inmigrantes con permiso de trabajo en relación con su población activa son, además de Cataluña y Madrid, Andalucía, Murcia, Baleares, Extremadura, Canarias, la Comunidad Valenciana, Aragón y Castilla la Mancha. APRENDER A SER EMIGRANTE
Don Antonio Martínez Rodrigo, Delegado de Migraciones en la diócesis de Madrid , explica que cuando un inmigrante llega al país de destino, por ejemplo, España, tiene una serie de problemas: En primer lugar, la documentación. Y también liberarse de las redes o mafias que le han traído hasta aquí. Pero antes de nada, lo más importante es que no sabe lo que es ser un emigrante. A ser emigrante se aprende emigrando. Día a día. Esto implica recomponer toda una escala de valores, todo un mundo que se ha venido abajo. Valdría la pena que, en vez de hablar tanto, la gente se tomara la molestia de conocer la dimensión antropológica que supone el mundo migratorio. Es terrible. Cada día que pasa, un emigrante se da cuenta de muchas cosas: de su ansia de retorno, que cada vez ve más imposible; de su exigencia de integrarse, y de crear un proyecto personal y familiar de vida, además de otra necesidad importante, que es la de reivindicar sus derechos desde el cumplimiento de sus deberes. Los obstáculos a los que se enfrentan los inmigrantes cuando llegan a España atañen a todos los ciudadanos. Son barreras que fácilmente podrían desaparecer con colaboración y solidaridad. |
| Don José María Álvarez del Manzano, Alcalde de Madrid, explicó en el Congreso España y las migraciones internacionales en el cambio de siglo, organizado por el Instituto universitario sobre Migraciones, de la Universidad Pontificia Comillas y por el Instituto universitario Ortega y Gasset, que una problemática especialmente importante es el alojamiento. Estamos constatando que una parte de la población inmigrante que llega sin recursos no puede acceder a un alojamiento de alquiler, ni siquiera compartido, y está llegando a los Centros de acogida para personas sin hogar, albergues pensados para un perfil de persona con fuerte desarraigo familiar y con otros problemas muy distintos a los que presentan los inmigrantes económicos. El Alcalde de Madrid declaró a Alfa y Omega que hay muchos más problemas, muchas necesidades de esta población: el más importante está en cómo se produce la integración social de los inmigrantes. La falta de implicación de estos grupos sociales en la vida madrileña está provocando la aparición de guetos, y el aislamiento. Me preocupan los procesos de exclusión social que se están produciendo en esta población como consecuencia del desempleo, la inmigración ilegal, las drogodependencias o la prostitución, lo que está motivando que estas personas tiendan a concentrarse en la periferia.
Y NOSOTROS, ¿QUÉ HACEMOS POR ELLOS?
Yo he tenido mucha suerte, pero sé que hay muchos inmigrantes que llegan con el anhelo de trabajar, y los jefes les tratan mal. Muchos españoles han sido emigrantes y no se dan cuenta de que los necesitamos, como ellos necesitaron de otros países antes. Por eso a veces tratan de abusar. Mi tío trabajó en una fábrica durante 5 meses y no le pagaron nada por su trabajo, porque no tenía papeles: son palabras de Carmen Berón, una joven ecuatoriana de 17 años. Su llegada a España se produjo hace sólo unos meses, una vez terminados sus estudios en Ecuador. Venía a reunirse con su madre, que llevaba ya tiempo trabajando aquí. Agarrados de la mano, ella y su hermanito tuvieron que demostrar, solos, en el aeropuerto, que venían a España como turistas, por unos días. Ahora trabaja en una cafetería y se prepara en un centro de informática para poder aspirar a otros trabajos más cualificados en el futuro. A muchos inmigrantes les es muy duro tener que adaptarse a servir, a tener trabajos duros, cuando en su país eran abogados, o profesores. Yo misma gano mucho más en mi trabajo que un maestro en Ecuador. Hay tantas Cármenes llegando a España constantemente, que la indiferencia es el peor castigo para quien sólo quiere trabajar y establecerse. Aquellos que aún no lo ven del todo claro deberían saber que, de acuerdo con los datos del informe de Población de la ONU de este año, España necesitaría unos 12 millones de inmigrantes para garantizar el ritmo de crecimiento económico durante los próximos 50 años. Algunos sectores, como el agrario, consideran imprescindible la mano de obra inmigrante para asegurar algunas de sus cosechas. Los emigrantes vienen porque los necesitamos. LOS NECESITAMOS Las migraciones no se han inventado para resolver el hambre del sur, sino para hacer más rico al norte comenta el Delegado de Migraciones en Madrid. No vienen para marcharse mañana. Se van a quedar, van a formar una familia, porque las personas no pueden permanecer continuamente desarraigadas. Si arrancas un árbol varias veces, lo matas. Y el problema es que cuando hablamos de migración se habla de mano de obra, y, como dijo un señor una vez, el problema comienza cuando vemos que "habíamos pedido mano de obra y llegaron personas". Una frase, como se puede ver, con un alto contenido social, político y económico, pero sobre todo, humano. La labor de la Delegación de Migraciones en Madrid da frutos. Nunca sospecharían, explica don Antonio Martínez Rodrigo, que en el año 91 fueran a conseguir un proceso de regularización, y que 138.000 extranjeros pudiesen presentar una solicitud. Y todo ello gracias a la labor de voluntarios que hacen que la Iglesia esté presente en un problema tan importante que afecta a todo el país. Conocer las necesidades de la población, la legislación, luchar por un estatuto de los trabajadores inmigrantes, hacer propuestas de futuro, atender a inmigrantes y solucionar su documentación en el Centro de acogida, formarlos allí , porque no son indigentes. Son los hijos de un pueblo, con sus valores, hombres y mujeres concretos; y con ellos podemos trabajar juntos para hacer una sociedad distinta donde el hombre pueda ser hombre. Si se aborda el tema de la inmigración desde una óptica nacionalista, o económica, o política, siempre puede pervertirse. Los derechos fundamentales, derechos evangélicos, son los auténticos argumentos de siempre. Las propuestas que llevan a cabo ciudades como Madrid, donde la inmigración aumenta de forma acusada, pretenden conseguir objetivos específicos. En palabras de su Alcalde: Desde principios de los años 90, impulsamos una serie de iniciativas encaminadas a favorecer la integración de la población inmigrante desde una doble perspectiva: un enfoque generalista, para coordinar los recursos públicos y privados, para facilitar el acceso de los inmigrantes a diferentes servicios; y una perspectiva específica, atendiendo las necesidades que plantean los inmigrantes. Los objetivos que se pretende conseguir son, entre otros, integrar a la población inmigrante en la red normalizada de servicios; apoyar la iniciativa social y sensibilizar a la población madrileña sobre la convivencia intercultural. HACER JUSTICIA
La actual ley para los inmigrantes está pendiente de revisión y reforma. Los pasos que se han dado han sido grandes, aunque todavía quedan muchas cosas pendientes. Desde la primera ley del año 85, creada por vía de urgencia, en la que no se hablaba de derechos, y ni siquiera aparecía la palabra familia, hasta la actual, del año 2000, en la que se reconoce al inmigrante como sujeto de derechos. Adaptarse a la actual realidad es hacer justicia, con la lucha por unos derechos fundamentales, como los de asociación, reunión, sindicación y huelga para los sin papeles ¿cómo se harán oir, cómo se defenderán sin esos derechos? Justicia también en los procedimientos sancionadores, en los que se debería tener en cuenta la situación familiar de un inmigrante, antes de expulsarlo del país; justicia en la reagrupación familiar; justicia porque, cuando se trabaja y se cumplen obligaciones, también se tienen derechos. Justicia porque la única patria es la Humanidad. Y mientras no se comprenda eso, los inmigrantes serán siempre extraños. |
| Nos encontramos ante una nueva realidad, a la que tanto las Administraciones como los ciudadanos y los propios inmigrantes tenemos que ir adaptándonos poco a poco concluye don José María Álvarez del Manzano. Éste será uno de los desafíos más importantes para las Administraciones públicas y para la sociedad española en las próximas décadas. Por eso, nuestro objetivo y nuestro reto, además de seguir prestando asistencia sanitaria y social a esta población, es: integrar a los inmigrantes en la red normalizada de servicios, sensibilizar a la población sobre la necesidad de que la integración social se produzca de forma ordenada, basada en la convivencia y en el respeto, e impulsar la coordinación institucional para aunar y alcanzar la integración social que todos deseamos.
UN CENTRO PIONERO
Otro ejemplo de esfuerzo por conocer a fondo el fenómeno de la inmigración lo representa un centro pionero en España: el Instituto universitario de Estudios sobre Migraciones, de la Universidad Pontificia Comillas. Se trata de un centro interdisciplinar donde teólogos, sociólogos, psicólogos, pedagogos y economistas, entre otros, se unen para tratar de buscar causas y soluciones a las necesidades, tanto de la población que llega de países del tercer mundo, como las reacciones y el comportamiento de los españoles. Doña Rosa Aparicio, directora del centro, comenta cómo los niños inmigrantes se integran más fácilmente de lo que parece. Están bien formados, sólo que de una manera distinta. En muchas ocasiones los profesores son los que no saben dirigirse a un niño inmigrante, porque, además de tener otros muchos alumnos, no tiene una formación específica y necesaria en este campo. Esto no es culpa de ellos, sino que hace falta trabajar aún mucho en programas de formación de profesorado. Las clases añadidas de "compensación escolar" no siempre son suficientes. Desde 1997, gracias a un convenio entre el Ayuntamiento e Intermón y FERE, se lleva a cabo un proyecto de sensibilización a la población escolar para promover actitudes de convivencia, y contra el racismo y la xenofobia. Los necesitamos y nos necesitan. Casi no tenéis niños, comentaba, extrañada, Carmen Berón, la joven ecuatoriana de 17 años llegada a España sólo hace unos meses. Quieren trabajar y adaptarse a las costumbres españolas. No son extraños, son nuestros hermanos, y trabajamos juntos en la construcción de la misma sociedad. Cada uno desde su puesto, sea el que sea, con la misma importancia, ya que, lo que uno no haga, se quedará sin hacer. |