RetrocesoA&ONš 238/14-XII-2000SumarioEspañaContinuar
Primeras conclusiones del Congreso internacional El Maestro Ávila
Maestro de evangelizadores
Durante cuatro días, 350 congresistas se han adentrado con gozo y esperanza en las riquezas
de la figura y la obra de san Juan de Ávila, bajo la guía experta de especialistas de diversas
áreas del saber y de distintas Universidades, tanto españolas como extranjeras.
No sólo se ha adquirido un conocimiento más profundo, sino también un mayor acercamiento 
vivencial a su persona, que, como todo santo, es modelo e intercesor en nuestro camino de Iglesia peregrina
Hombre de su tiempo, Juan de Ávila se implicó decidida y generosamente en la transformación positiva de la Historia y de la sociedad. Afrontó con fortaleza y heroísmo cristiano las dificultades. Fue sensible a las corrientes espirituales y culturales de su momento histórico; vivió con pasión los problemas que acuciaban en el siglo XVI a la Iglesia y supo aportar las claves de la verdadera reforma. Emprendió iniciativas de educación de la juventud y de buena preparación de los sacerdotes. Enriqueció las reflexiones de los Padres conciliares de Trento con sus ideas y proyectos renovadores, y estuvo atento a la aplicación de sus Decretos y a la fiel transmisión de su doctrina. En esta época, en la que nos toca aplicar la riqueza doctrinal y pastoral del Concilio Vaticano II, su ejemplo es una referencia estimulante.

Para sus contemporáneos, el Maestro Ávila era punto luminoso y seguro. Ejerció la orientación y el discernimiento. Fue consejero de santos, maestro de vida espiritual, consultor de eclesiásticos y gobernantes, aliento para decaídos, misericordia y llamada a la conversión para pecadores. Su doctrina evangélica y bien asentada, su personalidad equilibrada y recia, su pedagogía adaptada y la coherencia de su vida constituían un atractivo singular para los oyentes y para quienes lo leían. La edición de sus escritos, así como su traducción a otras lenguas, permitirá su lectura y difusión. Los rasgos de modernidad y humanismo, que caracterizan al conjunto de su obra, lo siguen avalando como fuente de inspiración para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo. ¡Ojalá favorezca el trabajo de los investigadores, para que lleguen a descubrirse sus escritos que todavía no han salido a la luz, continuando el camino de los últimos hallazgos!

Son muchas los rasgos de la personalidad de san Juan de Ávila que se han puesto de relieve en el Congreso, y otros que se han insinuado: la calidad como escritor, la original faceta de inventor, su talante humano y capacidad de iniciativas, las fuentes de su formación y la extensión de su influencia, las características de su espiritualidad, sus métodos pastorales y las claves de su teología. Éstos y otros temas requieren trabajos de investigación, estudios comparativos y análisis de fuentes. Y ofrecen material abundante y atractivo para tesis y publicaciones monográfícas de Facultades eclesiásticas y civiles. Se ha destacado la importancia del Maestro Ávila, no sólo teológica y eclesial, sino también cultural, literaria e histórica, como autor notable de las letras hispánicas.

Renombrados teólogos han presentado algunos estudios que vertebran las enseñanzas doctrinales del Maestro Ávila: el amor de Dios, la centralidad de la obra redentora de Cristo y del misterio de la Iglesia, el don de la salvación y de la justificación del hombre, y la dimensión eucarística de la vida y moral cristiana. Éstos y otros temas, estudiados o aún por estudiar, revelan a un teólogo preocupado por el anuncio del mensaje cristiano, con una síntesis doctrinal centrada en lo esencial, cultivador de una teología sapiencial y apostólica, alimentada de la verdadera sabiduría que proporciona el Espíritu, saboreada en la oración y sustentadora de la predicación. Ejemplo para los teólogos de hoy, llamados a cumplir con fidelidad su misión.

DOCTOR DE LA IGLESIA


Una de las preocupaciones principales del Patrono del clero secular fueron los sacerdotes. A su preparación inicial y a su formación permanente integral, atenta a las dimensiones humana, intelectual, espiritual y pastoral, dedicó sus mejores desvelos. Para ello se empeñó en construir Colegios anticipándose a la institución de los Seminarios por parte del Concilio de Trento. Y promovió y dio orientaciones para la vivencia de una espiritualidad propia del clero secular. Impulsó y motivó la santidad de los sacerdotes como exigencia del ejercicio del propio ministerio. Su ejemplo y enseñanzas son fuente de renovación sacerdotal al inicio del tercer milenio. La lectura de sus escritos, ya desde el Seminario, constituirá un buen alimento para fortalecer la vocación y para vivirla con fidelidad.

Quien fue conocido como el Apóstol de Andalucía es un referente singular para cuantos estamos llamados a la nueva evangelización, porque, como han señalado nuestros obispos, él sigue siendo maestro de evangelizadores. Referencia clara y esperanzadora para todo el pueblo de Dios: no sólo para los sacerdotes, sino para los religiosos y religiosas, puesto que a tantos ayudó en el camino del seguimiento radical de Jesucristo; y para los laicos, pues él supo estar atento a las necesidades de todos y orientar en los diversos estados de vida y en la variedad de circunstancias y trabajos: desde las amas de casa y los labradores, hasta los profesores y los gobernantes. El contenido y los métodos de su catequesis y predicación, su afán misionero y celo apostólico, su cercanía a las personas y la clarividencia de sus consejos son estímulo y, a la vez, paradigma del nuevo ardor, los nuevos métodos y la renovada presentación del Mensaje que requiere la nueva evangelización. Su tiempo, como el nuestro, tampoco fue fácil, pero el santo no se arredró y puso todo su corazón e inteligencia en abrir caminos nuevos al Evangelio.

Al acabar el Congreso, deseamos que las semillas aquí sembradas den fruto abundante en la vida de las diócesis, las parroquias, las comunidades y las personas. Que los estudiosos, a quienes agradecemos sus aportaciones, continúen profundizando en la investigación sobre la vida y la obra de san Juan de Ávila; y que se establezcan cauces de continuidad para que institucionalmente se prosiga en esta tarea. Expresamos también el agradecimiento a la Conferencia Episcopal Española y a la Junta episcopal pro Doctorado, por el interés e iniciativas en promover la figura de san Juan de Ávila. Nos unimos a la petición que nuestros obispos han hecho al Santo Padre para que pronto pueda ser declarado Doctor universal de la Iglesia, conscientes de que ello redundará en bien de todos. Con nuestra oración apoyamos esta causa.

José Luis Moreno
(Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades)
Homilía de la misa de clausura