RetrocesoA&ONš 238/14-XII-2000SumarioEspañaContinuar
Misa mozárabe en San Pedro
El próximo sábado, en la Basílica vaticana y dentro de los actos oficiales del Gran Jubileo, se celebrará la Eucaristía según la liturgia hispana, más conocida como Rito de los mozárabes. Presididos por los obispos de Toledo, Salamanca y Córdoba, numerosos peregrinos celebrarán, según la tradición de nuestros mayores y en presencia del Papa, la fiesta de Santa María, que en las Iglesias de España señala el octavario de preparación intensa a la Navidad.

La liturgia hispana es la forma concreta de celebrar los sagrados misterios de la fe cristiana en las tierras de España antes de la introducción de la liturgia romana. Escritores de la talla de san Leandro de Sevilla, su hermano san Isidoro, san Ildefonso, san Julián de Toledo, dedicaron gran parte de su obra literaria a nuestra liturgia. El IV Concilio de Toledo (633) sentó las grandes bases teológicas. A pesar de haber sido el pilar de los católicos bajo la dominación musulmana, esta liturgia creativa y fecunda fue suprimida a finales del siglo XI en aras de la uniformidad con el resto de Europa. No obstante la adopción de los usos romanos, el Rito se mantuvo en reducidos grupos mozárabes de Castilla, de al-Ándalus y, posteriormente, en la Capilla Mozárabe de la catedral primada de Toledo, en la capilla de El Salvador de la catedral de Salamanca y, esporádicamente, en otros lugares y fechas concretas. Algunos usos propios se incorporaron en los sacramentos (arras y velo nupcial en el matrimonio), en el año litúrgico (Santa María de la Esperanza, 18 de diciembre), en las bendiciones, en las costumbres de la Semana Santa, en los funerales, etc.

Para custodiar este precioso legado, el cardenal Cisneros no sólo instituyó el Oficio y Misa diarios en la catedral primada, sino que además, en 1500, editó el Misal Mozárabe, que posteriormente reeditaría en 1804 el cardenal Lorenzana con el nombre de Misal Gótico. Siguiendo las directrices de Concilio Vaticano II, el arzobispo de Toledo, cardenal González Martín, impulsó la renovación del antiguo Rito. El día de la Ascensión de 1992, Juan Pablo II celebraba sobre la tumba de Pedro con estos antiguos textos. Era la primera vez que el Papa de Roma presidía en este Rito: la manera propia como en la Península Ibérica se celebró el culto cristiano durante la época romana, visigótica y árabe.

La abundancia de la Palabra de Dios y el sentido pedagógico de las plegarias muestran una teología trinitaria con la centralidad del Hijo de Dios en la historia de la Salvación. El anhelo del Banquete eterno da un gran sentido de esperanza a la Iglesia que aún peregrina. En esta celebración se nos invita a participar de una manera muy contemplativa, a la vez que se interviene con gestos, silencios, procesiones, aclamaciones y repetidos amenes, en alternancia con la oración del diácono, y del obispo con sus presbíteros.

Esta antigua liturgia hispano-mozárabe representa, pues, una realidad eclesial, y también cultural, que no puede ser relegada al olvido, si se quieren comprender en profundidad las raíces del espíritu cristiano del pueblo español. Estas palabras de Juan Pablo II no han caído en tierra baldía. Además de los lugares habituales de Toledo y Salamanca, otros ámbitos han dado cabida a nuestra liturgia: la abadía de Silos (Burgos), el monasterio de Valdediós (Asturias), la ermita de San Isidro (Madrid), etc. En la nueva Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid, ha comenzado este curso un Seminario de estudio sobre el Rito.

Manuel González