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Cuando cada año se acerca la Navidad, el deslumbramiento se repite: así lo escribe Florencio Martínez Ruiz en el prólogo a estas páginas que Carlos Murciano y Juan Polo Laso, como editores, han preparado, y que la editorial San Pablo acaba de publicar, recogiendo el sentir de ocho poetas: José Javier Aleixandre, José María Fernández Nieto, Francisco Garfias, Luis López Anglada, José Gerardo Manrique de Lara, Antonio Murciano, Carlos Murciano y Juan Polo Laso. Los ocho se han reunido para cantar, conmovidos, el magno acontecimiento cuyo 2.000 cumpleaños celebramos en estas fechas. Asomarse a sus versos es asomarse a su corazón, y, con ellos, adorar al Niño. Cantan, como reza el título del libro, al Sol de la noche: Al Sol de la noche, arrulladle y mecedle, pastores (Villancicos; convento de la Encarnación, Madrid 1678). Como de modo admirable lo hacía Lope de Vega, o el dulce e intuitivo Fray Antonio de Montesino, logran que se nos caldee el alma y se nos entrecorte el aliento ante el prodigio de un Dios que toma carne humana.
Son ocho magníficos villanciqueros de ley, que también se lee en el prólogo lejos de construir con recuerdos su Belén de papel, han hecho algo mejor: vivirlo. |
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| Desde hace ya algunos años, cuando salta a la palestra pública algún escritor o poeta gallego, suele, por lo general, tener unas determinadas connotaciones políticas; como si dar a conocer a los mejores connotaciones políticas aparte, no fuese políticamente correcto. Ediciones Do Castro ha tenido este año la gallardía de saltarse lo políticamente correcto, y de dar a conocer a uno de los grandes escritores y poetas gallegos de nuestro tiempo: José María Castroviejo.
En una edición con introducción y notas léxicas de Manuel Mourelle de Lema, y gracias a la sensibilidad y buen hacer de Sargadelos, las jóvenes generaciones tienen la oportunidad de conocer, por fin, a este grande de la literatura gallega. Tres libros de poemas en castellano ofrece esta edición: Altura, publicado en el conflictivo 1938; Mar del Sol; y Los paisajes iluminados. Y, además gloriosa propina Tempo de Outono, su primera obra escrita en gallego. En todas ellas está el hondísimo sentir de quien canta desde dentro de su pueblo, y la altísima sensibilidad de quien es capaz de advertir: El grito azul del marinero (Eu canto dende dentro do meu pobo). |
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