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En el contexto del Jubileo, resuena con singular intensidad la verdad de fe que la Iglesia profesa y proclama hoy: Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar. ¡Palabras proféticas, que resonaron en los albores de la Historia! Anuncian la victoria de Jesús, nacido de mujer sobre Satanás, príncipe de este mundo. Te pisará la cabeza: la victoria del Hijo es victoria de la Madre, la Inmaculada Sierva del Señor, que intercede por nosotros como abogada de misericordia. Roma, cuna de historia y de civilización, escogida por Dios como sede de Pedro y de sus sucesores, tierra santificada por numerosos mártires y testigos de la fe, abre hoy sus brazos al mundo entero, proclama con fe gozosa: en ti, María, ha vencido el Amor. Enemistad pondré entre ti y la mujer... ¿Acaso no se condensa en estas misteriosas palabras del Libro del Génesis la verdad dramática de toda la historia del hombre, teatro de una lucha tremenda contra las potencias de las tinieblas? En este enfrentamiento sin tregua, se encuentra involucrado el hombre, todo hombre, que tiene que combatir sin pausa para poder permanecer unido al bien, y que no puede alcanzar si no es con la ayuda de la gracia de Dios. Virgen Inmaculada, ayúdanos a avanzar en el nuevo milenio revestidos de la humildad que te ha hecho predilecta a los ojos del Altísimo. ¡Que no se pierdan los frutos de este Año Jubilar! Oración a María |