RetrocesoA&ONº 239/21-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
...y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros
Va a sonar la hora de las profecías, a cumplirse las promesas. Todo está a punto. Será la primera Navidad sobre la tierra. Anuncia la liturgia que aquel momento era el año 5199 de la creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; en el año 2957 del Diluvio; en el año 2015 del nacimiento de Abraham; en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto; en el año 1032 de la unción del rey David; en la semana 65 de la profecía de Daniel; en la Olimpiada 194; en el año 752 de la fundación de Roma; en el 42 del imperio de Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz; en la sexta edad del mundo: Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo advenimiento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve meses de su concepción, nació, hecho hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá.

Todo era silencio aquella noche. Dormían los hombres. Y cuando la noche llevaba mediado su camino y mientras las cosas se hallaban en medio del silencio, bajó a la tierra el Verbo Omnipotente.

Estalla de gozo la liturgia recordando a los profetas. Todo es júbilo: Aleluya, aleluya. Díjome el Señor: Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy. Y el gran anuncio: Sabed que hoy vendrá el Señor y mañana veréis su gloria.

Suenan en el cielo las voces de un coro de ángeles que cantan el primer villancico de la Navidad: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor. Son llamados a ir a adorar al Niño recién nacido unos pastores que cuidaban su ganado, al amor de la lumbre, cerca del Portal Sagrado. Un ángel les da la gran noticia.

Nació, dice san Agustín, en la época del año en que los días crecen, porque venía a iluminarnos; nació en el invierno, símbolo de la frialdad de las almas, porque venía a calentarnos. Nació en Belén, que significa Casa del Pan, porque venía a alimentarnos.

Aquel primer villancico, que sigue repitiéndose en cada misa desde entonces, ha dado vida e inspiración a otros muchos a través de los siglos. Siempre nuevos y siempre clásicos se repiten cada Navidad; son ingenuos, sencillos, pero todo corazón. Y así han pasado dos mil años y así entramos en el tercer milenio porque en el portal de Belén/ hay estrellas, sol y luna:/ la Virgen y san José/ y el Niño que está en la cuna.

A.J. González Muñiz