RetrocesoA&ONº 239/21-XII-2000SumarioDesde la feContinuar
Cine: La Reina Isabel en persona
Una intensa velada
con Isabel la Católica
Se ha estrenado recientemente La Reina Isabel en persona, un film de bajo presupuesto lleno de inteligencia,
osadía y que ha entusiasmado al público más exigente por su altura artística y cultural.
En unos tiempos en los que se sabe de esta monarca más en Roma que en España,
es una buena ocasión de que nos reencontremos cara a cara con la madre de una modernidad
que nació cristiana y que luego fue tristemente malograda
En la recta final del año cinematográfico español, cuando sólo cinco o seis títulos descollan del general tedio creativo, se ha estrenado una sorprendente película que desoye todos los imperativos del mercado fácil. Su director, Rafael Gordon, es un polifacético profesional de irregular carrera: productor, director, guionista, escritor y dramaturgo, llevaba veinte años sin estrenar un largometraje, porque los productores le exigían comedias postlanda. Ahora reaparece con esta magnífica película, solitaria, heroica, alejada de cualquier concesión a la galería en la forma o en el fondo.

Se trata de un monólogo teatral en el que la reina Isabel de Castilla, desde el más allá, y calzando unas deportivas, hace un balance de sus cincuenta y tres años de vida, así como de los cinco siglos que han venido después. Así comenta el director sus intenciones: Es inconcebible que la Reina Católica no sea un personaje de repertorio cinematográfico como lo es en Inglaterra la Reina Isabel I, llamada la Virgen. Me gustaría haber roto el tabú que gravita sobre la biografía de nuestra Reina. En realidad, yo sólo conocía tópicos sobre esta mujer; y de su lado humano lo desconocía todo. El texto del film es audaz, y se atreve a denunciar la hipocresía de las leyendas negras que circulan sobre su reinado. Reflexiona sobre la Inquisición, sobre la expulsión de los judíos, la aventura americana..., así como habla de Hiroshima, de la repetida prohibición en España de la Compañía de Jesús..., e incluso de la reciente Ley de extranjería. Tenía que decidirme a contar la historia como si la Reina Isabel fuera el compendio de toda la aventura humana, afirma el cineasta. Además del interesantísimo texto, espléndidamente escrito y mejor interpretado, la puesta en escena —dificilísima— logra mantener la atención durante noventa minutos, en el mismo escenario y con un solo personaje. La fotografía es esmerada y la música de Eva Gancedo —La buena estrella— guarda un perfecto equilibrio entre la notoriedad de su calidad y la discreción necesaria para no robar protagonismo al texto. Isabel Ordaz está enorme, como siempre —recordemos su interpretación en Chevrolet— ni sobreactuada ni monótona, trasmitiendo el vigor y carácter que se atribuye a la Reina. Con Isabel Ordaz se rueda a sangre y fuego. Nada de convencionalismos o gestos de repertorio. Creo que Ordaz tiene el talento que hace inolvidable al genio, declara Gordon. Especialmente hermosa es la descripción de su amor por Don Fernando, y por toda su familia. También es llamativo el realismo con el que afronta todas las cuestiones.

Es lamentable que una película de tanto interés cultural se haya estrenado, en Madrid, ¡en una sola sala! O a lo mejor hay que dar gracias de que se haya estrenado. Y, de momento, el único Premio que ha recibido —en el Festival de Cine de Toulouse— no es español.

Juan Orellana