RetrocesoA&ONº 239/21-XII-2000SumarioLa vidaContinuar
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Han pasado ya muchos años desde la última vez en que hubo ediciones de Años cristianos en castellano. Y se estaba echando en falta un nuevo Año cristiano que, de acuerdo con el calendario romano post-conciliar, presentara a los fieles esa fuente de espiritualidad ejemplar que son los santos, hombres y mujeres como los demás, pero que han sabido vivir tras las huellas de Cristo.

Muchas parroquias y comunidades cristianas, muchas familias e instituciones, venían solicitando que se llenase este vacío. Es lo que ha comenzado a hacer, con gran acierto, Edibesa, que acaba de editar el primero de los doce tomos (el correspondiente al calendario litúrgico de enero), que, naturalmente, empieza con Santa María Madre de Dios. Tiene la particularidad, este nuevo Año cristiano, de la cercanía a nuestra vida cotidiana: no se limita al santoral clásico, sino que hace referencia explícita a los santos y beatos del calendario español e hispanoamericano, más cercanos a nosotros. Se hace además eco de diversas celebraciones y jornadas eclesiales. Pere Farnés, uno de los mejores liturgistas de hoy, es el autor de una interesante Introducción al Año Litúrgico.

Abre estas páginas, editadas por Monte Carmelo y preciosamente ilustradas con grabados clásicos, una cita, oportuna por demás, de santa Teresa de Jesús: Los que comienzan a tener oración, han de procurar tratar de la vida de Cristo. En esa labor estamos todos. O deberíamos estar. Ha hecho muy bien Eduardo T. Gil de Muro en recordarlo al comienzo de este libro. El autor, sacerdote y periodista bien conocido, que ha dirigido tres de los programas religiosos de TVE, confiesa que escribir una vida de Cristo, ha sido, y es siempre, la tentación habitual en un escritor cristiano. ¡Bendita tentación! Añade que ninguna biografía —y él tiene a sus espaldas más de una veintena— le ha podido resultar más apasionante.

Naturalmente, desde el amor y desde la fe en Jesucristo, ratifica en estas 390 páginas, ante todo y sobre todo, una vivencia personal. La guía que obviamente ha movido su pluma ha sido —no podía ser de otra manera— los evangelios. Sin ellos, no habría sido posible ni una sola letra. Ni la primera, ni la última, atestigua el autor. Como es un avezado periodista y comunicador, el lenguaje de esta vida de Cristo es original y llega al lector. Se nota que es, más que una tarea profesional, un compromiso de fe.