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Beilin, 52 años, periodista y miembro del Partido Laborista, es el reconocido arquitecto de los Acuerdos de Oslo, que abrieron el camino al reconocimiento recíproco entre Israel y Palestina. De regreso de un viaje a Washington, adonde viajó para tratar de superar la crisis en Israel y en los Territorios Ocupados, Beilin ha aceptado responder a estas preguntas de la agencia vaticana "Fides":Señor Beilin, observando la situación crítica de hoy (violencias, perspectivas de elecciones en Israel, debilidad del liderazgo en Estados Unidos), ¿qué ha sucedido con los Acuerdos de Oslo? Oslo era un Acuerdo provisional, concluido el 4 de mayo de 1999. Después tuvieron lugar los Acuerdos de Wye y los de Sharm el Sheik. No debemos ampliar los Acuerdos de Oslo de manera forzada. Lo más importante de Oslo era el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP, y el estar dispuestos a devolver a los palestinos Gaza y Jericó antes de las elecciones de la Autoridad Palestina. Oslo se convirtió en un símbolo y sería un error pensar en su prolongación. Al contrario, necesitamos y estaba previsto en Oslo un Acuerdo permanente. En este sentido, estamos con retraso. Este Acuerdo permanente debería afrontar los temas más importantes ya citados en Oslo (las fronteras, la seguridad, los refugiados, Jerusalén). ¿Cuáles son las quejas de Israel sobre el modo en que se han llevado las relaciones con los palestinos? La Intifada, que dura ya desde hace dos meses, no nos deja tranquilos y, obviamente, no nos ayuda a confiar en los palestinos. Estábamos de acuerdo en que toda disputa se habría afrontado a través de negociaciones y no con la fuerza. Ahora, la policía palestina ha comenzado a usar la fuerza. Arafat ha abierto las cárceles liberando a todos los prisioneros de Hamas... Esto no estimula la confianza de Israel en los palestinos Y, desde el punto de vista de los palestinos, lo que ha sucedido no les lleva a estimarnos más. |
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¿No tiene nada que decir sobre el recurso a la violencia por parte de Israel?
Israel no se levantó de la cama de buenas a primeras de hace dos meses para disparar a los palestinos... Se dieron patrullas mixtas en las que los palestinos comenzaron a disparar a israelíes. Es verdad que, por una parte, los palestinos no disponen de armas sofisticadas como las nuestras en buena parte se trata de muchachos muy jóvenes, con piedras o pistolas; mientras que, en la otra parte, tenemos el ejército más potente del Oriente Medio. Es verdad: nosotros somos más fuertes que los palestinos y no hay una relación simétrica. Pero pienso que eso ya lo sabían. Creo también que han comprendido que, en caso de que haya nuevos enfrentamientos, serán los palestinos los más perjudicados. Nosotros no queremos continuar con esto. Si ellos dejan de disparar, Israel lo hará también. La pregunta es, por tanto, ¿por qué no acaban de una vez? ¿Por qué no se calman a pesar del acuerdo de Sharm El Sheik, y de las promesas de Arafat? Es una pregunta que por desgracia no tiene una auténtica respuesta. ¿Qué pasos deben dar ambas partes para detener la violencia y volver a construir la convivencia? Es necesario que ambas partes den los tres pasos comprendidos en los Acuerdos de Sharm El Sheik: en primer lugar, disminuir significativamente el nivel de la violencia; en segundo lugar, permitir que se realice la inspección que debería investigar las causas de la violencia; y, en tercer lugar, continuar con las negociaciones de paz en las próximas semanas. Tenemos todavía a Bill Clinton como Presidente de Estados Unidos, que sigue interesado en invertir tiempo y en ayudarnos a las dos partes. Y, dado que los dos confiamos en Clinton, es posible hacer la paz. Sería una locura el querer continuar con la situación actual durante largo tiempo. La semana pasada, usted visitó a Clinton. ¿Qué impresión le dio? Pienso que los americanos están sumamente dispuestos a ayudarnos a las dos partes. Tuve una apasionada discusión con Clinton. Él se comprometió a continuar con la ayuda y a dar tiempo a ambas partes. Oriente Medio ocupa el nivel más alto en sus prioridades internacionales. No estoy diciendo que va a venir aquí en los dos próximos meses para resolver los problemas, pero considero que la única superpotencia del mundo está dispuesta a invertir mucho en la paz en Oriente Medio. Y sería bueno que Israel y los palestinos no perdieran esta oportunidad. En su opinión, ¿qué es lo que sigue retrasando el proceso de paz? No he comprendido muy bien cuál fue la chispa que desencadenó los nuevos episodios de violencia, por lo que no sé qué es lo que puede detenerlos. Pero lo que sé es que, en ambas partes, hay muchísimas personas que se dan cuenta que sería una locura continuar así. Estábamos tan cercanos a un acuerdo, los Estados Unidos están dispuestos a ayudarnos... Sería una verdadera lástima si no aprovechamos esta situación para elaborar un Acuerdo permanente o, al menos, un acuerdo, en el que algunos problemas sean resueltos de modo definitivo y otros parcialmente. Usted firmó, en 1993, el Acuerdo Fundamental con la Santa Sede y el Estado de Israel. ¿Cómo son las relaciones entre la Santa Sede y el Estado de Israel? La relación con la Santa Sede ha sido un éxito. Pienso que las negociaciones fueron positivas; ahora nos preparamos para aprobar los Acuerdos financieros, entre otros. Gracias a la Santa Sede, al Papa y a esta negociación, ha cambiado la percepción de la relación entre judaísmo y el cristianismo. Ciertamente, el Acuerdo es un acuerdo político entre dos Estados, pero nadie puede ignorar las implicaciones positivas que el Acuerdo ha tenido para todas las Iglesias cristianas en el mundo. Es algo irreversible; hemos cambiado el estilo de una relación que duraba miles de años. Y hoy tenemos un embajador israelí en el Vaticano y un embajador del Vaticano en Israel. Hace dos meses tuve un encuentro con el Papa: puedo decir que esta relación es buen resultado para Israel. Y espero que lo sea también para la Santa Sede. |