|
|
| El Jubileo del mundo del espectáculo reunió en Roma a artistas de los cinco continentes. Entre otros, se encontraban en la Plaza de San Pedro Anabel Quezada y Gloria Alan, cantantes costarricenses, quienes encantaron a los presentes al interpretar un sugerente Magnificat, ilustrado por una danza de connotaciones delicadísimas. Nos encontramos con ellas después del espectáculo. Declararon a Alfa y Omega: Hemos interpretado este pasaje evangélico, pues esperamos que mucha gente en estos días se encuentre de nuevo verdaderamente a Dios.
¿Es posible comunicar un mensaje con vuestra profesionalidad, con vuestro trabajo? Claro que sí responde Gloria. Yo creo que es necesario mirarse en el interior para buscar con gran humildad el amor y la verdad que están en el Señor. ¿Qué significa para un artista orientar su trabajo hacia Dios? Dar a entender que un artista, además de amar la música y su profesión, ama a Dios... Cuando uno forma parte del mundo del espectáculo, se convierte en foco de atención. ¿No existe el peligro de convertirse en un ídolo de sí mismo? Todos nosotros, del mundo del espectáculo -responde esta vez Anabel-, tenemos un ego más bien fuerte y quizá forma parte de la deformación profesional. Cuando podemos hacer algo bello, este ego se multiplica, pero es precisamente en ese momento cuando tenemos que recordar que es Dios quien nos ha dado la fuerza de hacer cosas bellas. |