RetrocesoA&ONº 240/28-XII-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver, oír... y contarlo
Silencio ante el Portal
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

Suerte que tuvimos que en Belén no se convocara una rueda de prensa, posterior al parto. Sólo la curiosidad nos lleva a imaginar cuáles hubieran sido los titulares del día siguiente. Dejemos que el fecundo silencio de la Historia haga fructificar, en nosotros, algo de la semilla que se sembró en aquella ciudad levítica y sacerdotal. Romano Guardini lo ha dejado escrito en su obra El Señor: Las grandes cosas se realizan en el silencio; no en el fragor y la ostentación de los acontecimeintos exteriores, sino en la claridad de la mirada interior, en el discreto movimiento de la decisión, en el sacrificio y vencimiento ocultos, cuando el corazón es movido por el amor, y el libre albedrío es llamado a actuar, y su seno queda fecundado para la obra esperada. Las potencias silenciosas son las más eficaces. Vamos a fijar nuestra atención en el hecho más recogido, encerrado en el silencio de Dios e inaccesible a toda curiosidad.

Hasta aquí la cita que nos sirve de felicitación navideña. Pero lo nuestro es lo contrario, que no lo contradictorio, las luces y los taquígrafos. En este Ver, oír y contarlo navideños, permítanme la oración del deseado silencio para algunos titulares de nuestra prensa, hasta el momento del cierre de esta edición. Dios quiera que algún día no se publiquen los siguientes titulares: diario La Vanguardia, jueves 21 de diciembre: La pesadilla etarra sigue en Barcelona. Asesinado un urbano al impedir la colocación de un coche bomba. Dos terroristas dejan en su huída las primeras huellas del comando. El guardia que no esperaba ser héroe. Tampoco tendríamos que leer y escuchar los comunicados de nuestros prelados. En este caso nos decían los obispos Presidente y Secretario General de la Conferencia Episcopal: Don Juan Miguel Gervilla ha perdido la vida en acto de servicio, pues la actuación que le ha costado la vida seguramente ha podido salvar a otras personas a quienes los terroristas pensaban asesinar. Al condenar el acto criminal, queremos recordar las palabras de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal en su condena al terrorismo, cuando afirmaba que "las víctimas del terrorismo no son sólo quienes sufren físicamente en sí mismos o en sus familiares los golpes de la extorsión y de la violencia; la sociedad entera es agredida en su libertad, en su derecho a la seguridad y a la paz" (Constructores de la paz, n. 96).

Silencio. El diario El Mundo, el miércoles 20 de diciembre, presentaba, en una información dedicada a la avalancha de inmigrantes en las costas españolas, y firmada por el enviado especial Julio Fuentes, la siguiente historia humana: "Los niños valen más en Europa". Rachida, una marroquí residente en Tánger, hará coincidir a propósito el nacimiento de su bebé con su llegada a España. Dice el texto: Le pregunto si el bebé sólo le interesa como pasaporte y me responde que le ama; pero agrega que "los niños tienen más valor en Europa" porque sólo con nacer allí "se vuelven europeos" y eso "merece el sacrificio".

Silencio de titulares. El diario ABC, el pasado miércoles día 20, con una información de la agencia Afp, firmada en la Haya: Holanda aprueba que las parejas homosexuales se casen y adopten niños. El Senado aprueba, por mayoría, el proyecto de ley del Ministerio de Justicia. Leemos en el primer párrafo del cuerpo de texto: La mayoría de los senadores holandeses votaron ayer a favor de la autorización definitiva del matrimonio entre homosexuales y de la autorización a que una pareja del mismo sexo pueda pedir un niño en adopción, convirtiendo a Holanda en el Estado más avanzado en materia de derechos para los homosexuales.

Último silencio. Diario El País, miércoles 20 de diciembre: El Reino Unido aprueba la clonación de embriones humanos con fines médicos. Habría muchos más titulares, entradillas, informaciones, reportajes que se pudieran haber escrito con las letras del silencio. Belén hace las delicias de los hombres y de la Trinidad, sólo con que miremos el portal de Belén, en silencio.