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DERECHO A NACER
A la ministra de Sanidad y Consumo: Complacidas porque el titular de esa cartera sea una mujer, y dada esa condición de estar dotadas por nuestra madre naturaleza del poder de transmisión de la vida a nuestros semejantes, nos atrevemos a dirigirnos a quien en sus manos tiene la suma responsabilidad de autorizar o no la comercialización, en fechas próximas, de la conocida como píldora del día después. Como defensoras de la vida, queremos hacer reflexionar: en estos días en que se nos llena la boca de frases como Protección de los derechos humanos; Defensa de la dignidad humana; Derechos fundamentales de los ciudadanos, cuando se ha recordado recientemente nuestra Carta Magna en su 22 aniversario, debería estar presente en el primer informe de los que maneja esa Ministerio cuál es el verdadero momento del inicio de la vida de un ser humano, que no es otro que el de la misma concepción. Ni que decir tiene que los gobernantes, si de verdad lo son, tienen como deber principal mantener la integridad de los derechos de sus gobernados, y en cabeza como siempre está y estará el derecho fundamental a la vida. Si se quiere empezar por ser buen gobernante, respetando a los ciudadanos, no hay mejor forma de hacerlo que reconocer el derecho a nacer. Manuela López Quintana (y 11 firmantes más) ALGO MÁS QUE OPINAR Opinar se refiere a que no se sabe qué elegir. Cuando se trata de que algo es verdad, ya no cabe opinar, sino admitirlo. Que no se puede quitar la vida a un inocente, es una verdad sobre la cual el católico no opina: lo admite o peca por no seguirlo, o simplemente por negarlo. Que a Jesucristo debe rendir culto cada persona y la sociedad en conjunto, pues lo mismo. En un mundo pluralista se tienen por válidas todas las (llamadas) distintas opiniones. Pero hay opiniones que no lo son, sino verdades a las que ajustarse. El católico no opina si serán lícitos los anticonceptivos, la eutanasia, la masturbación, la blasfemia, el robo, la calumnia, el asesinato, el deseo voluntario de un mal ; no opina, lo tiene por seguro. Podría haber opiniones acerca de cómo conseguir que la política siga esos bienes; pero no puede afirmarse que esas verdades valgan lo mismo que las opiniones contrarias. Luis Martínez. Santander |
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LO QUE NO SE DIJO EN LOS MEDIOS...
EL día 15 de diciembre saltó la noticia consternadora. El locutor de Telemadrid evocó, para empezar, la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa. Pero no, no era lo mismo. La noche anterior hubo una agresión en el convento capuchino de Jesús de Medinaceli. Un fraile enajenado apuñaló a otro mientras atendía una llamada telefónica. Con la perturbación de la mente se desataron en él los incontrolables instintos de violencia. Fray Eleuterio y los demás frailes de la comunidad vivieron pacientemente la paz y el bien, soportando las rarezas de fray Jesús. Sin duda él fue un buen fraile en su juventud y madurez. Con los muchos años se debilitó su mente y tenía rarezas. De un tiempo a esta parte se observaban en él rasgos de manía persecutoria y se le puso en tratamiento No se le envió a su familia, ni a una casa de salud, se le soportó en el convento con paciencia, respeto y comprensión. Fray Eleuterio y los demás frailes no soñaron una fraternidad de cátaros, de puros, de gente perfecta. Entendieron que su franciscanismo, y su cristianismo, les comprometía a testimoniar la paciencia infinita de Dios, su perdón desinteresado, su amabilidad renovada. Que no valía echar de casa hoy, por su debilidad, al que ayer gastó su juventud sirviendo a Dios y a las gentes. Lo sucedido el atardecer del día 14 fue algo imprevisible. ¿Quién sabe lo que pudo excitar su mente frágil para llegar a tanta locura? En todo caso, un secreto instinto le hizo en aquellos momentos quitarse el hábito , como si arrebatado por la parte oscura de una doble personalidad, quisiera dejar claro que no era el fraile, sino el hombre perturbado, quien perecía en el torbellino de la locura. Sor María Victoria Triviño. Madrid ACABAR CON EL AUSCHWITZ ESPAÑOL En el Internacional de Bioética que la Fundación Areces ha organizado en Madrid, se ha estado estudiando qué hacer con los 30.000 embriones congelados que se almacenan en cámaras frigoríficas de diversas clínicas españolas, que se han convertido en los Auschwitz de la era moderna: más sofisticados y encubiertos que el original, pero no menos mortíferos. Hay que acabar con un procedimiento que da lugar a aberraciones como ésta. El buen fin de tener hijos no justifica este tipo de medios. Y mucho menos lo que pretenden las empresas biotecnológicas, a las que se les encienden los ojos pensando en las ganancias que obtendrán si consiguen que estos seres humanos indefensos puedan ser usados para experimentación: una vez más un supuesto buen fin que esa investigación sirva para curar tampoco justifica un procedimiento inadmisible matar para curar. El racismo nazi nos aterra. Pero Antonio Arjona Martínez. Alicante |